La Rosa Blanca

Por Javier Salado

En el momento que el presidente Obama se disponía a pisar tierra cubana comenzó a llover. Así amaneció este segundo día de visita, pero con poca lluvia, sin asomo de sol y un mar desbordante en el Malecón habanero como si las grandes olas que rompen en el litoral quisieran estar presentes también.
A las 10:45 de la mañana, la caravana presidencial llegó al monumento a José Martí en la histórica Plaza de la Revolución, la misma que fuera escenario de las proclamaciones de la Primera y Segunda Declaración de La Habana en los años sesenta aprobadas por más de un millón de cubanos allí presentes y que trazaban y ratificaban el rumbo antiimperialista de la Revolución Cubana. Una ofrenda floral ante la inmensa estatua de Martí depositó la delegación norteamericana, mientras la banda de ceremonias entonaba las notas con las que se musicalizó uno de los poemas más conocidos del Apóstol: La Rosa Blanca.
Cultivo una rosa blanca /en junio como en enero/ para el amigo sincero/ que me da su mano franca/ y para el cruel que me arranca/ el corazón con que vivo/ cardo ni ortiga cultivo/ cultivo una rosa blanca.
Alentado por la fuerza del pensamiento martiano, su humanismo y respeto por los adversarios, Cuba recibió a Barak Obama en la actividad oficial de conversaciones con el presidente Raúl Castro. El mensaje fue ratificado con claridad durante los minutos que antecedieron al inicio de las conversaciones presidenciales y a la amable acogida dada por el dirigente cubano. Incluso en la composición de ambas delegaciones destacó la presencia de solo los funcionarios indispensables, ni uno de menos ni uno de más.
En el encuentro con la prensa acreditada, ambos mandatarios coincidieron en la importancia y necesidad imperiosa de continuar el diálogo. Raúl mencionó que era más fácil destruir un puente que tenderlo, y que ambos países estaban enfrascados en la construcción de un puente sólido en el cual imperara el respeto mutuo incluso a las grandes diferencias existentes en algunos temas.
La prensa norteamericana acreditada insistió en dos asuntos, los llamados “presos políticos” y los derechos humanos. Algo quedó claro para todos con estas preguntas y es que también más de 50 años de propaganda anticubana a drenado la posible objetividad de una prensa ella misma canal de tergiversaciones y mentiras durante años. Se necesitará tiempo, mucho tiempo y toneladas de papel y tinta (o muchos bytes) para modificarla, pero sobre todo mucho coraje y paciencia para los profesionales de la prensa comprometida con la verdad y los pueblos.
Obama tejió cuidadosamente sus respuestas y fue especialmente amable con el presidente cubano. A una pregunta sobre el Bloqueo, dijo que estaban realizando todos los pasos administrativos necesarios para ir desmontando todo lo desmontable desde el ejecutivo, pero que era una difícil tarea, pues el “Embargo” fue montado durante 50 años y era necesario esperar que el Congreso estuviera dispuesto a ello, lo cual en año de elecciones presidenciales era poco probable. Sobre los derechos humanos, dijo existían diferentes puntos de vista por ambas partes, pero que él personalmente reconocía lo logrado por Cuba en varios temas inherentes como la salud, la educación, igualdad de derechos para la mujer y otros.
Los más disímiles comentarios corren hoy por las calles de La Habana sobre este encuentro televisado en vivo, los analistas políticos, de la prensa y especialistas en relaciones internacionales han comenzado a dar sus criterios y opiniones. A nuestro alrededor oímos de todo, pero hay algo en común: esta es una visita histórica, en la cual se traza el futuro de las relaciones entre el gigante del norte y la pequeña Isla del Caribe, futuro de respeto mutuo, del arte de convivir aún con profundas diferencias. Pero sobre todo, que la relación que se construye sea paradigma de vínculos establecidos sobre los principios expuestos desde hace muchos años por la Revolución Cubana: respeto a la soberanía, independencia y autodeterminación sobre bases de igualdad.
Cuba cultiva una rosa blanca para sus amigos, y para aquellos que la quieran destruir por vías “duras” o “blandas”, sobre las trincheras erigidas en 57 años de resistencia y dignidad, cultiva una Rosa Blanca.

 

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