Obama y el “qué bolá”

que bolà

Por Arturo Chang- Cubahora

El objetivo no es debatir si tiene o no alcance mundial la visita del señor Presidente de los Estados Unidos de América, Barack H. Obama a un país en pleno reajuste de cómo construir el Socialismo en las condiciones actuales y de un futuro previsible. Para Cuba es trascendental y sería inoportuno perderse en la hojarasca anecdótica de una muy bien planificada visita donde todas las consecuencias de cada detalle están cuidadosamente calculadas.

Quizás pudiera haber otra acción calificable como el primer indicio de que está todo pensado, pero no escapa a la atención que mientras la parte cubana acudió a dar una cordial bienvenida sin importar las inclemencias del tiempo, el mandatario estadounidense llegó guarecido bajo un paraguas que cuando fue oportuno, brindó con gesto cortes al canciller Bruno Rodríguez Parrilla que como es habitual en los cubanos, marchan o se concentran multitudinariamente en convocatorias políticas, la mayoría de las veces para responder a alguna política de EEUU.

Después, en las redes sociales circuló una foto con el Air Force One sobrevolando un lugar cuya arquitectura no ofrece la mejor imagen de desarrollo, lo cual se refuerza con “almendrones”, autos viejos de la década de los años 50 del siglo pasado, precisamente la etapa en la que se notan pasos dirigidos a demostrar que la Revolución encabezada por Fidel Castro era innecesaria por todos los avances conseguidos por el gobierno de la época, y que se perdieron debido a la construcción del Socialismo. Seguramente fue fotografiado casualmente, pero pareciera que fue tomada en un momento en que encaja bien dentro de una matriz de opinión

Horas antes de la llegada del mandatario, la teleaudiencia cubana y los internautas pudieron ver a un desenfadado Obama escenificando un diálogo filmado en la Casa Blanca y en el set del popularísimo programa televisivo cubano Vivir del Cuento, en el cual el Presidente le dice a Pánfilo: ¡Qué bolá!, lo que seguramente provocó una reacción agradable por la manera simpática de conversar con el más popular de los actores humorísticos del país caribeño.

Poco antes de pisar suelo cubano, desde su cuenta Twitter que es @POTUS, emitió el siguiente mensaje: “¿Que bolá Cuba? Just touched down here, looking forward to meeting and hearing directly from the Cuban people.”

Hay quienes opinan que algunos extranjeros creen que todos los ciudadanos de este país de habla hispana se caracterizan por usar constantemente frases tales como ¿Asere, qué vuelta? ¿Consorte, qué bolá? ¿Ya te echaste la jama? Voy pal gao que ya maté el curralo, Chofe, dale clavo, métele la pata y no pares más…

Lo cierto es que hasta los universitarios usan esas expresiones, pero en lugar, tiempo y forma, lo mismo que los menos letrados son capaces de usar palabras amables cuando están en el ambiente que lo demanda.

A propósito de ambiente, y tomando en cuenta que la primera vez utilizó el “qué bolá” en un contexto como la escenificación del diálogo con Pánfilo, sería bueno que tanto los distinguidos visitantes como residentes permanentes en Cuba o acogidos a las actuales leyes migratorias continuemos riendo con Vivir del cuento, pero también reflexionemos en que la mayor parte de las situaciones cómicas están derivadas directa o indirectamente de consecuencias del bloqueo económico, comercial y financiero que durante más de medio siglo ha impuesto el gobierno de los EEUU sin lograr sus propósitos.

Vivir del cuento, como dice el popular interlocutor de Obama, es otra historia, otra historia en la cual la teleaudiencia se siente como protagonista. La tan denostada Libreta que hace poco más de un quinquenio se vio por casi todos como causa de los problemas en la distribución de productos alimenticios, fue luego un recurso cuya permanencia fue defendida sobre todo por los más humildes cuando se percataron de que era poco lo que recibían, pero a precios asequibles altamente subsidiados que permiten un ligero alivio. Y Pánfilo asume un rol que refleja esta situación.

La historia de la Libreta no debemos olvidarla, y menos durante la presencia del mandatario del país que la provocó. Fue una respuesta de la Revolución para evitar el acaparamiento y la especulación desde el mismo momento en que comenzaron a escasear y desaparecer los productos cuya adquisición impidió EEUU mediante acciones de guerra económica respaldadas por un cuerpo de leyes que adquirieron alcance extraterritorial en virtud del carácter imperialista del gobierno norteamericano.

También hay personajes surgidos en un contexto causado por las dificultades del bloqueo. Tal es el caso del hasta ahora nunca visto Gerente, que vive muy por encima del nivel de los demás,

No faltan los que aparecen durante la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución. Son los trabajadores por cuenta propia, el sector no estatal, o si se prefiere: los privados, los emprendedores también afectados por el cerco tendido por EEUU.

Por supuesto, hay quienes rayan en el dogmatismo cuando defienden la Revolución tanto contra lacras del pasado (Aguaje o rasgos de Chequera) como de agresiones externas de todo tipo, también en un contexto de bloqueo.

En una bienvenida, dentro de las normas del protocolo, con el debido respeto a un Jefe de Estado, cabe invitar a Barack Obama a que compruebe en el terreno que el bloqueo (si lo prefiere: embargo, aunque no es lo mismo) causa al pueblo sufrimientos a los cuales él se ha referido en varias ocasiones. En este ambiente: Por favor, señor Presidente, mientras el Congreso no levante el bloqueo, use sus facultades ejecutivas para despojarlo de su esencia.

Andando por las barriadas, viendo Vivir del cuento, o comentando sobre ese programa y sobre todo, de su charla con Pánfilo, cabe: ¿Y qué bolá con el bloqueo, Obama? ¡Sigue, sigue metiendo caña a más medidas, pero no pares, dale clavo… Mándale la vara… Candela al jarro hasta que suelte el fondo…

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