Mucha retórica y gestos de Obama, pero el bloqueo aún daña a Cuba

Por Emilio Marín (Diario Arena, Argentina)

Foto: Héctor Planes, Resumen Latinoamericano Cuba

El presidente Barack Obama concluyó su importantísimo viaje a Cuba. Fue tratado con mucho respeto por el gobierno de Raúl Castro. Fue un buen paso de avance en las relaciones, pero el bloqueo continúa. ¿Por qué no se reunió con Fidel Castro?

El jefe de la Casa Blanca, su familia, funcionarios y 40 representantes y senadores, amén de una docena de empresarios conformaron la comitiva que fue a Cuba. La delegación oficial siguió rumbo a Buenos Aires y ya levantó polémicas: los organismos de Derechos Humanos declinaron la invitación de Mauricio Macri para acompañar a ambos presidentes en el Parque de la Memoria.

El tema de los DD HH fue empleado por Obama en Cuba en forma sutil pero pública e insistente, junto a la propaganda de la “democracia estadounidense”, las libertades y el bipartidismo, para criticar a Raúl Castro y presumir de que el sistema norteamericano es superior.

Mencionar las polémicas sobre aquellos temas despeja desde el principio una posible confusión, de que Cuba y su mal vecino habrían pasado a ser íntimos amigos. No hay tal cosa. Los regímenes político y económico-sociales, no sólo los electorales, son diametralmente opuestos. Uno representa al sistema socialista y el otro a un capitalismo desarrollado y decadente en varios aspectos. Sucede que cuando dos estados opuestos por el vértice son vecinos a sólo 90 millas, lo más sensato es convivir pacíficamente.

Quien hizo todo lo posible para que esa relación normal no pudiera existir en los 58 años que lleva de revolución el pueblo cubano es precisamente Estados Unidos. Obama dijo: “he venido aquí para enterrar el último vestigio de la Guerra Fría en las Américas”. Sin embargo su país agredió a Cuba desde mucho antes que Lenin y los bolcheviques hicieran su revolución en 1917 y antes que Fidel Castro y los guerrilleros bajaran de Sierra Maestra en 1959.

La Enmienda Platt, impuesta a Cuba en 1903, por la que se obligó a cederle a EE UU la base de Guantánamo, de 116 km2, empleada como base naval y carbonera, y más acá en el tiempo convertida en una cárcel ilegal y centro de tortura, como la fecha lo indica, es muy anterior a las citadas revoluciones.

Los gobernantes del imperio han considerado siempre a Cuba como de su propiedad. Y desde la victoria de la revolución cubana se han visto frustrados porque la isla se hizo independiente y socialista, aún con todas las limitaciones y problemas con que debe lidiar, entre ellos y fundamental, el bloqueo yanqui.

El presidente norteamericano cambió de táctica hacia la Mayor de las Antillas el 17 de diciembre de 2014, se comprometió a cesar el bloqueo y reanudó las relaciones diplomáticas el 20 de julio de 2015. Ahora hizo una visita oficial y era la primera desde el triunfo de la revolución. Todo eso es muy positivo. “Histórico”, dirán los optimistas; “muy importante”, los cautos, entre los que se incluye el cronista.

Cuando Irak fue invadido y Saddam Hussein ahorcado, hubo manifestaciones en Miami donde Jeb Bush, hermano del presidente George W., participaba activamente. La pancartas decían “Ahora Cuba”, como lugar a invadir. No pudo ser. Cuba se mantuvo firme y tuvo gran solidaridad mundial, sobre todo latinoamericana y caribeña. Y al final Obama optó por viajar y estrecharle la mano a Raúl Castro. Eso fue por pragmatismo de uno y defensa de los principios del otro.

Ultraderecha no quería

La ultraderecha yanqui, sobre todo asentada en los precandidatos republicanos Ted Cruz y Marco Rubio, y en menor medida Donald Trump, no querían que viajara Obama. La parte explícita de la negativa argumentaba que allí se violaban los derechos humanos. El Nuevo Herald de Miami y el gusano argentino-estadounidense Andrés Oppenheimer escribieron columnas contrarias diciendo que la ida de Obama daría aire político “al dictador” (“La Nación”, 15/3). Oppenheimer fracasó como lo hace siempre que se refiere a Cuba. Su best seller “La hora final de Castro, La historia secreta detrás de la inminente caída del comunismo en Cuba” fue editado en Buenos Aires en 1992. La inminente caída lleva 24 años sin producirse…

La parte no confesa de aquellos detractores es que la estadía en La Habana podía producir efecto positivo en el electorado estadounidense, en plenas internas. Si mejoraban las relaciones de los dos países, si se incrementa algo la inversión de EE UU en la isla y al menos parcialmente el comercio y el turismo, buena parte de los norteamericanos podían ver eso con buenos ojos. Además, mejorar el vínculo con Cuba es ampliarlo con todo el continente, que reprochaba el bloqueo. Y eso quizás repercutiera en las urnas de noviembre, en favor del partido demócrata.

Fracasó la ultraderecha norteamericana, nostálgica del 2003 y anuncios de la invasión. Se ve que no les bastó la derrota de abril de 1961 en Playa Girón. Son tan reaccionarios y lunáticos como la buena cantante Celia Cruz, feroz anticomunista que decía que nunca volvería a Cuba hasta que muriera Fidel Castro. Ella falleció en julio de 2003 y Castro se apresta a cumplir 90 años el próximo 13 de agosto.

Obama bien y mal

Desairando aquella corriente ahistórica, el norteamericano concretó su viaje. Se desairó a sí mismo, porque en un reportaje a Yahoo News (14/3) había declarado que no iría a Cuba hasta que no mejoraran los derechos humanos. Como le reprochó Oppenheimer, según la óptica norteamericana esos derechos no habían mejorado y fue lo mismo. Una semana antes flexibilizó la prohibición de uso del dólar para transacciones de Cuba y autorizó a que cubanos puedan abrir cuentas bancarias en EE UU.

El viajero se reunió con su anfitrión, con quien compartió conferencia de prensa el lunes. El martes dio un discurso en el Gran Teatro Alicia Alonso, televisado en directo para toda Cuba, una novedad que sería bueno imite la Casa Blanca para cuando Raúl Castro devuelva la visita a Washington. ¿Le darán la oportunidad de hablar a la población estadounidense y decir las verdades cubanas? No es seguro que Fox y otras cadenas reaccionarias lo transmitan sin cortes…

Obama volvió a calificar de fracaso al bloqueo (lo llama embargo, quitando importancia y dramatismo a la medida ilegal condenada por la ONU en 24 votaciones anuales). Reiteró su llamado al Congreso para que lo derogue; el cronista recuerda que es la suma de Iniciativa Mack (1989), ley Torricelli (1992) y la Helms-Burton (1996).

Dijo que posiblemente el fin del “embargo” se lograría después de su administración, como si en casi ocho años no hubiera tenido tiempo para concretar el cese. Ante la Asamblea General de la ONU, en setiembre de 2015, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla aseguró que el bloqueo había provocado daños directos por 121.192 millones de dólares. ¿Quién pagará por esto? Obama no se hizo cargo; de pagar el enorme costo humano y financiero, ni una palabra. De devolver Guantánamo, ídem (el alquiler es de 4.085 dólares al año, que Cuba se niega a recibir).

Sí elogió las bondades de la educación y el trabajo de los médicos cubanos que lucharon contra el Ébola, aunque no abjuró de los planes que alientan la deserción de esos galenos en terceros países para robar talentos y afectar al país que los formó.

El visitante pidió hacer borrón y cuenta nueva con líos del pasado y mirar hacia el futuro. Muy lindo, pero imposible de concretar con el bloqueo casi intacto y sin pedido de perdón por los miles de muertos y lisiados que dejó la guerra de la CIA y el terrorismo de la gusanera de Miami contra la Patria de José Martí.

El presidente eligió a 13 mal llamados “disidentes” y los agasajó en su embajada del Malecón. Entre ellos, Berta Soler, de Damas de Blanco; Elizardo Sánchez Santa Cruz, de la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, Dagoberto Valdés y Guillermo Fariñas, siempre listos para recibir pagos de esa embajada. A esa jauría que se quejaba de la falta de democracia se sumó ayer Macri, quien apoyó a Obama en ese reclamo.

Este punto fue muy bien rebatido por Raúl Castro en la conferencia de prensa ante la provocadora pregunta de CNN. Le recordó que hay en el mundo 61 convenciones sobre DD HH y Cuba tiene firmadas 48. No lo dijo por cortesía pero pudo mencionar que EE UU suscribió sólo 14.

Obama quiere que el capital norteamericano haga negocios y llevó a directivos de Think Food Group, CleBer, Xerox, Air BnB, PayPal, Starwood, Marriott, Western Union, etc. Estas empresas serán como la jefatura de la columna “invasora” en lo económico, en tanto que de centenares de miles de emprendedores y cooperativistas piensan captar a su tropa y suboficialidad, en la búsqueda de un capitalismo a la caribeña. Para esto tendrían que tirar abajo la planificación y la propiedad estatal mayoritaria, una tarea mucho más improbable de concretar que el logro en Moscú en 1991.

¿Por qué Obama no estuvo con Fidel Castro? El comandante en jefe, retirado, recibió a importantes personalidades, algunas de diferente manera de pensar. Es improbable que se hubiera negado a una reunión con el visitante. Es posible que éste no haya querido, temeroso que la ultraderecha estadounidense pudiera hacer acusaciones en este tiempo de primarias. Error. No tendrá otra oportunidad de dialogar con ese estadista. Una hora hablando con él le habría reportado un plus de conocimiento sobre las relaciones entre los dos países y muchos temas internacionales. Obama fue audaz para viajar pero timorato en no pedir una audiencia con Fidel, de frente; a lo sumo se sacó una foto, con el retrato del Che, a sus espaldas.

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