¿Quién ejerce la primera violencia?

Héctor Menéndez. Rebelión

“Vine a enterrar los vestigios de la Guerra Fría”, dijo Obama. Macri dijo “Nunca Mas a la violencia política e institucional”.

El fiscal que acusaba a Trotsky como presidente del soviet de Petrogrado por la violenta insurrección popular de la Revolución Rusa de 1905, y lo envió por primera vez a Siberia, lo hacía diciendo que el delito era la violencia, porque “la violencia genera la violencia”. Trotsky, que asumió su propia defensa, hizo un discurso que trascendió en la historia con el nombre de En defensa de la Insurrección. Aceptando la premisa de que la violencia genera la violencia se preguntó ¿quién había ejercido primero la violencia? Se respondió mostrando la evidencia histórica de las represiones brutales del régimen autocrático de los Zares que habían provocado la insurrección de las masas en su propia defensa.

Obama declaraba al salir de Cuba para Argentina, “vine a enterrar los vestigios de la guerra fría”. Luego, ya en Argentina, respondía la pregunta de un periodista sobre la responsabilidad de los EE.UU. en la organización del genocidio de la dictadura de 1976 diciendo que el comportamiento de su país en los setenta había sido ambivalente. Porque había ciertos casos de complicidad con la dictadura, pero al mismo tiempo EE.UU. había combatido exitosamente al comunismo.

El secuestro del general Aramburu el 29 de mayo de 1970 y su asesinato en los primeros días de junio, cuando los montoneros todavía eran cinco, como declarara Mario Firmenich, se explican en la historia argentina como resultado de un régimen dictatorial y autoritario que comenzara en 1955. Hacía quince años que la clase dominante argentina le había quitado el derecho al voto a la mayoría del pueblo argentino y especialmente a la clase obrera peronista.

La primera violencia la hicieron los sectores oligárquicos allá por 1945 cuando el embajador norteamericano Spruille Braden encabezaba las manifestaciones de la Unión Democrática y los militares aliadófilos detuvieron a Perón y lo enviaron a la Isla de Martín García. Desde donde lo rescataron los trabajadores que hicieron la jornada histórica del 17 de octubre. ¿Eran comunistas? No. ¿Era parte de la guerra fría? No. Era el comienzo de una revolución colonial que sacudiría el despótico régimen imperialista sobre los tres continentes atrasados, Asia, África y América Latina. La primera violencia, como siempre, fue la del régimen de los explotadores de naciones y de trabjadores, la de la burguesía y el imperialismo.

Independientemente de la discusión sobre la corrección ó incorrección de la guerrilla urbana como método de organización política, a nivel nacional e internacional, la primera violencia fue la de los explotadores que usarían luego a este mascarón negro, Obama, premio Nobel de la Paz, para encubrir las guerras coloniales de los Estados Unidos en el Este de Europa, en Medio Oriente, en Asia y África. Violencia y explotación nacional y social del imperialismo occidental que ha tenido el privilegio de generar un movimiento internacional con eje en el antioccidentalismo: el terrorismo fundamentalista que usa la religión sin ser un movimiento religioso. ¿Quién lo generó? Los mandantes de Barack Obama.

El imperialismo occidental fue el cómplice de todos los gobiernos dictatoriales que hubo en Argentina desde 1955 bajo la proscripción del peronismo. La delegación de la CIA y el Pentágono se establecieron en el edificio del comando en jefe del ejército para asesorar al instante a los militares argentinos y “limpiarlos” de sus elementos nacionales para preparar el genocidio. Educaron a las sucesivas cúpulas militares en la Escuela de las Américas con su experiencia de asesinatos y torturas de Vietnam desde 1954, cuando los campesinos vietnamitas expulsaron al imperialismo francés en Dien Bien Phu y el país de Obama copó la parada.

La complicidad del partido conservador, del partido radical y de la derecha burguesa del PJ con los gobiernos antidemocráticos la conoce cualquiera que tenga unos años como yo. Los intendentes, los jueces, los presidentes y gobernadores salieron todos de allí. El más “democrático” presidente de la burguesía argentina de ese período fue Arturo Illía que ganó con el 25 % de los votos contra el 30 % que votó en blanco.

La argumentación de que el demonio que asesinó sin piedad a 30.000 argentinos tiene cierta disculpa por el demonio de la guerrilla no se sostiene. Los asesinados y desaparecidos del terrorismo de Estado fueron obreros en un 60 porciento. Yo viví ese período trabajando en grandes fábricas automotrices, siderúrgicas y metalúrgicas y no conocí ningún grupo guerrillero en la fábrica. Asesinaron hasta por sospecha. El demonio asesino fue la clase dominante desde la destitución de Cámpora en adelante.

De esta historia de complicidades surgió el empresario Hernán Lombardi titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos que está reformateando las radios y la televisión con retorcidos mensajes falsos, subliminales, para cambiar la historia del genocidio. Abona así la teoría de los dos demonios. Cuando Macri dice en el Parque de la Memoria nunca más a la violencia política e institucional está poniendo en claro la orientación del gobierno a reconstruir socialmente la teoría de los dos demonios. En esa línea están los mensajes de personajes “bosta de paloma” intercalados en el canal oficial para desanimar la lucha en respuesta a los ataques del gobierno. Macri se sintió autorizado por Obama para decirlo.

Obama se montó sobre el triunfalismo de la burguesía mundial sobre los trabajadores y las naciones de los años ochenta y noventa para enterrar los vestigios de la guerra fría. Apuesta a convertir a Cuba en un nuevo país capitalista como China y Vietnam. No tiene en cuenta cuales serán los resultados de la crisis actual del sistema capitalista imperialista mundial. Baila como Macri sobre la ola conservadora que el imperialismo y su crisis están abonando en América Latina. ¡Que les dure! Él se va dentro de seis meses. ¿Quién lo sostendrá a Macri?

La multitudinaria concentración de ayer en Plaza de Mayo y la presencia de sindicatos y nuevos contingentes obreros, igual que la histórica concentración en Córdoba, anuncian momentos difíciles para este gobierno.

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