Los Diógenes modernos

por Francisco Delgado Rodríguez, politólogo cubano.

El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. El arte de engañar al prójimo, que los estafadores practican cazando incautos por las calles, llega a lo sublime cuando algunos políticos de éxito ejercen su talento”. EDUARDO GALEANO (1998). Patas arriba: la escuela del mundo al revés. 
El avance de la contraofensiva del imperialismo en América Latina, dirigida básicamente contra los gobiernos progresistas o de izquierda, está provocando, seguramente sin proponérselo, un profundo y ojala que irreparable daño al sistema representativo burgués.
No es una noticia nueva. Ya en el pasado las dictaduras militares mandaban de vacaciones a los procesos democráticos, cuando las necesidades de las oligarquías así lo exigían.
Lo novedoso sin embargo es que tal vez como nunca antes el deterioro del sistema viene desde el lado de la subjetividad, de la conciencia de las sociedades, la entronización de anti valores y la paulatina desaparición de la poca ética que les quedaba.
En otras palabras, ya no podrán culpar de la debacle a los militares o a otras supuestas razones ajenas al sistema. La tradicional cultura de la mentira sistematizada, va adquiriendo una nueva dimensión dirigida a garantizar a como sea la hegemonía imperial, negando incluso los propios principios fundacionales del sistema político.
Como sabemos, el instrumento son justamente las corporaciones mediáticas criollas, que abandonaron hace tiempo su rol informativo y se concentran exclusivamente en construir un relato fantasioso, desprovisto de la más mínima veracidad. Así las cosas, por momentos O Globo intenta manipular en el guion de sus afamadas telenovelas la palpitante realidad de Brasil.
El problema está cuando estas corporaciones adquieren un protagonismo político y decisorio sin que hubieran sido electas por nadie.
Ante la definitiva pérdida de credibilidad sufrida por la mayoría de los partidos políticos tradicionales, la tarea de organizar y ordenar las agendas políticas de las derechas en la región las asumieron dichos conglomerados, crecientemente subordinados, no solo desde el punto de vista ideológico, sino empresarialmente a grandes holding financieros norteamericanos.
Uno de los más sonados casos es el del grupo “argentino” Clarín, cuyos verdaderos dueños se nos escapan de la vista en el entramado secreto de la lista de accionistas de Goldman Sachs Group, Inc.
En todo caso la mediatización falseada de la situación ya tiene consecuencias tangibles en el devenir político de la región y sin bien la primera víctima de esta especie de guerra ideológica es la verdad, con ella están aboliendo definitivamente la ética y la honradez en la práctica política.
Todavía causa asombro y creciente irritación el descaro con que se está montando el golpe parlamentario contra la presidenta brasileña Dilma Rousseff o la forma de actuar del novel gobierno argentino, por solo referirnos a dos ejemplos del cono sur americano.
El abandono de los escrúpulos residuales, la manipulación más burda y la galopante banalización de la política engendran procesos como el que está en camino en el parlamento brasileño, que la prensa europea 1(sic) denominó la “rebelión de los hipócritas” aludiendo al show mediático (disculpe el lector que insista en este tenor) que nos ofrecieron los diputados de dicho país el pasado 17 de abril, cuando aprobaron abrumadoramente la destitución de la mandataria en esa instancia.
Si se tiene alguna duda, basta revisar las “estadísticas” de los destituyentes con sillas en la Cámara de Diputados brasileña. De 367 diputados a favor, 109 tienen causas judiciales, en su mayoría relativas a lavado de dinero, fraude electoral, depredación de recursos públicos e incluso alguno procesado por homicidio o con acusaciones recién abiertas por apología de la tortura.
Juiciosamente debería concluirse que si había alguien en ese enorme y poblado país incapacitado para este ejercicio era algunos de los susodichos. El punto es, ¿acaso eso importa ahora?
El atropello conque ha actuado el gobierno argentino para que en sus primeros 100 días de gestión, desmantelara parte del entramado social, mediático y político construido por el kirchnerismo, está fundamentado en un talante hipócrita, desprovisto de toda honradez intelectual, puede decirse que desembozadamente anti nacional y vacío de un sentido elemental de justicia.
La pretendida superficialidad de la campaña electoral, cuando Macri llamaba a la “revolución de la alegría” prometiendo exactamente lo contrario de lo que haría, encubrió hábil y conscientemente los graves problemas que provocan las políticas que está aplicando.
Lo curioso para no ser dramático es que cualquiera que quisiera saberlo tenía a su disposición información sobre las más de 200, si, doscientas causas judiciales, que el flamante jefe del estado argentino tiene pendientes, que van desde conspirar con consecuencias homicidas, hasta el desvío de dineros públicos, algunos ya sabemos, sigilosamente guardados en Panamá.
La “rebelión de los hipócritas” termino que podemos aplicar a otros episodios en la región como las parlamentarias en Venezuela o las elecciones bolivianas, presentan a su vez a un hermano gemelo: una escala de valores recargados en la violencia, en todas sus modalidades como la violencia política, la social, de género y racial, así como el despertar de trasnochados enfoques autoritarios, una suerte de neo fascismo del siglo XXI.
En las redes sociales manejadas por sectores de capas medias urbanas bolivianas estallan y se multiplican expresiones racistas tras la derrota electoral sufrida por Evo, un machismo rocambolesco asoma en los carteles de las manifestaciones anti Dilma en la avenida paulista (San Pablo) que exigen a gritos la vuelta de los militares. Mientras, la vice presidenta argentina, Gabriela Michetti, considera que “el fenómeno de la droga afecta tanto a los pobres como a las personas normales”; ¿nosotros qué seremos? me pregunté cuando leí semejante despropósito.
Por su cuenta, los diputados venezolanos se movilizan al compás del decreto injerencista de la Casa Blanca y en plena campaña electoral prometen que al otro día, es decir el 7 de diciembre, “se acabarán las colas en el país”; es triste ver que muchos les creyeron, prueba del éxito de estas proyecciones decadentes y del colosal engaño.
Las elecciones presidenciales en Perú muestran un decálogo de secuestro de la voluntad popular, del empleo de la fábula como recurso para convencer a masas despolitizadas a fuerza de tanta desorientación. No es recomendable juzgar a alguno de los dos candidatos/as que pasaron a segunda vuelta, solo añadir que al decir de un destacado luchador y politólogo de ese país de los Incas, lo más probable es que la mafia lugareña regrese a ejercer el gobierno nacional, así de simple, así de terrible.
Los procesos electorales de paso se confunden con retazos de lo bufo al mejor estilo shakesperiano, Rey Leal incluido, con lo hilarante de la comedia costumbrista solo que más virtual gracias a las redes sociales y al reality show televisivo. Licue todo eso con un mensaje que solo apela a las emociones y tendrá una candidatura exitosa, aseguran algunos de los gurúes del mal llamado márquetin electoral.
Una sugerencia: Ni se le ocurra al amable lector pensar que algo de esto es increíble o exagerado; le recomiendo que se vaya acostumbrando a lo que hasta ayer era insólito.
Por estos días una pensadora argentina recordaba al filósofo griego Diógenes, fundador de la denominada escuela cínica. Banquero su padre y él mismo, cuentan que el oráculo de ocasión les sugirió enigmáticamente que “invalidaran la moneda en curso” que interpretaron dando lugar al primer dinero falso que registre la arqueología y de paso, negar todas las costumbres y normas existentes. Fue tal vez algo así como los Panamá Papers de la época, entrelazado con un esfuerzo filosófico para justificar la negación de la moral.
Los Diógenes se multiplicaron y sofisticaron en este lado del mundo. La fórmula resulta altamente letal: medios de comunicación subordinados financiera y culturalmente a las trasnacionales, más políticos inescrupulosos e inmorales, dan paso a un relativamente novedoso sistema de dominación, que desconoce o no entiende sobre la necesidad de la gobernabilidad y apuesta por el caos para facilitar un nuevo ciclo de despojo de nuestras riquezas.
Lo del caos no es paranoia política ni fruto de teorías conspirativas. Está claro que es lo que el imperio ha instalado en el Medio Oriente, lo que sobrevino a los golpes parlamentarios en Honduras y Paraguay; también es la consecuencia de la evolución de los distinguidos líderes de la así auto denominada “nueva derecha”, que al decir de un reconocido economista, devinieron en lumpen burguesía al mezclar negocios de origen supuestamente lícitos, con fórmulas especulativas provenientes del contrabando y el narcotráfico.
En resumen, por este camino es probable que en el corto plazo quienes terminen dando al traste con el “sistema democrático burgués” sean ellos mismos.
¿Habrá llegado el momento de no solo denunciarlo sino proponernos luchar por el surgimiento de otro sistema político más auténtico y humano?
Los próximos meses aportarán a este ya histórico debate; toca a la izquierda de Nuestra América tomar partido porque en todo caso quienes están en problemas son ellos.

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