La desaparición de la URSS 25 años después: algunas reflexiones

Por José Luis Rodríguez

Para comprender las causas que llevaron a la desaparición de la URSS en 1991, resulta imprescindible remontarse a la historia y, en ese sentido, la etapa inicial del llamado post stalinismo reviste singular importancia.

Con de la muerte de J. Stalin, en marzo de 1953, culminó una etapa muy compleja de la historia soviética donde las circunstancias extraordinarias que estuvieron presentes en la guerra civil, en la implementación de la NEP, o durante la colectivización forzosa y la primera etapa de la industrialización de los años 30 se convirtieron –aparentemente- en fases normales de la construcción socialista signadas por la ausencia de una democracia socialista real y violaciones a la legalidad que se mantendrían por muchos años, fenómenos que se replicarían también en las democracias populares europeas que emergieron después de la segunda guerra mundial.

Acerca de la controversial personalidad de Stalin nuestro Comandante en Jefe expresaría:

“Sobre él cae la responsabilidad, a mi juicio, de que ese país hubiese sido invadido en 1941 por la poderosa maquinaria bélica de Hitler, sin que las fuerzas soviéticas hayan recibido la orden de alarma de combate. Stalin cometió, además, graves errores. Es conocido su abuso del poder y otras arbitrariedades. Pero también tuvo méritos. La industrialización de la URSS y el traslado y desarrollo de la industria militar en Siberia fueron factores decisivos en aquella lucha del mundo contra el nazismo.”

“Yo, cuando lo analizo, valoro sus méritos y también sus grandes errores, y uno de ellos cuando purgó al Ejército Rojo en virtud de una intriga de los nazis, con lo que debilitó militarmente a la URSS, en vísperas del zarpazo fascista.”[1]

En este sentido, puede afirmarse que la señalada ausencia de una auténtica democracia interna en los procesos de gestión social, el culto a la personalidad, los abusos de poder y la represión injustificada que estuvieron presentes durante buena parte del mandato de Stalin al frente del gobierno soviético, fueron sin dudas factores de incidieron negativamente en la causa del socialismo dentro y fuera de la URSS y constituyeron elementos que dejaron una huella muy negativa en la memoria histórica de ese pueblo, alimentando tendencias negativas en el comportamiento de los soviéticos que contribuyeron también al derrumbe de la URSS ocurrida años después.

Luego de diversos ajustes y demociones en el equipo de dirección que sustituyó a Stalin en 1953, el mismo quedó básicamente integrado por Georgui Malenkov, que ocuparía el cargo de Presidente del Consejo de Ministros entre marzo de 1953 y febrero de 1955 y Nikita Khruschov, que ocuparía el cargo de Primer Secretario del PCUS desde septiembre de 1953 hasta octubre de 1964 y de Presidente del Consejo de Ministros desde marzo de 1958 hasta octubre de 1964. En general hubo un proceso de cambios –no exento de lucha entre distintas facciones- entre 1953 y 1958 hasta que se renovó completamente el grupo de colaboradores más cercanos a Stalin, los cuales fueron enviados a cumplir otras tareas, pero ninguno fue juzgado o reprimido[2], viviendo una existencia normal hasta el final de sus vidas.

Los nuevos gobernantes soviéticos se enfrentaron entonces a una serie de obstáculos en el desarrollo económico y social que ponían de manifiesto la necesidad de profundas transformaciones en la política económica que se venía aplicando, tomando en cuenta que el país no podía continuar creciendo extensivamente considerando los límites demográficos impuestos por la guerra, por lo que era necesario incrementar la productividad del trabajo, incluso para brindar mayor atención al consumo y todo esto en medio de una confrontación creciente con Occidente en el ámbito político y militar.

En el terreno económico uno de los problemas más importantes de esa etapa se encontraba en la agricultura, que arrastraba dificultades no resueltas desde los años de la colectivización forzosa, a lo que se añadían los efectos del conflicto bélico. De tal modo, en 1952 se alcanzaba una cosecha de cereales de 92,2 millones de toneladas, lo que representaba todavía un 3,6% aun por debajo de 1940. Al respecto se señalaría por el historiador Alec Nove:

“La situación de la agricultura en los últimos años de Stalin estuvo, pues, exacerbada por las intervenciones equivocadas de la autoridad, por la excesiva centralización de las decisiones, por los precios extremadamente bajos, por la insuficiente inversión y por la falta de incentivos adecuados.”[3]

A estos problemas se intentaría dar solución por Khruschov con diversas medidas, -incluyendo un tratamiento más estimulante al sector privado y cooperativo- pero sobre todo extendiendo las áreas agrícolas explotables en la llamada “Campaña de las Tierras Vírgenes” que llevó a cultivar 46 millones de hectáreas adicionales por más de 300 000 jóvenes que se movilizaron entre 1954 y 1960 en territorios de Siberia y Kazajstan y que –si bien no fue la solución permanente a todos los problemas-, produjo un incremento notable de la producción agrícola del país.

Igualmente comenzó a rediseñarse la política de industrialización, dirigiéndola con una mayor prioridad a la producción de artículos de consumo frente al hasta entonces crecimiento prioritario de la industria básica.

En ese contexto y a pesar de los ajustes en la política monetaria que hubo que realizar a partir de las distorsiones provocadas por la guerra –incluyendo la reforma monetaria de 1947, que introdujo un cambio de moneda con devaluación- se estima que los salarios reales de los trabajadores mostraron un notable crecimiento entre 1947 y 1952 mejorando su nivel de vida. Esta tendencia a la mejoría en los niveles de vida de la población continuaría durante los años 60, aun cuando no todas las medidas que se introdujeron produjeron los resultados esperados.

Precisamente en el esfuerzo por mejorar las condiciones de vida del pueblo, Khruschov fomentaría la idea de la coexistencia pacífica y –en ese contexto- propondría superar en diferentes aspectos un grupo de indicadores de la economía norteamericana, objetivo que no contaba con las condiciones indispensables para ser alcanzado en tan corto tiempo. No obstante, la tasa de crecimiento de la producción industrial fue notablemente elevada en la economía soviética en esos años. De este modo, entre 1951 y 1955 la industria creció 13,1% promedio anual frente a 6,2% en EEUU; mientras que entre 1956 y 1960 el crecimiento fue 10,4% en comparación con 2,4% en EEUU. Sin embargo, el Producto Nacional Bruto de la URSS en 1955 representaba solo el 40% del de Estados Unidos, proporción que llegaría al 50% diez años más tarde, lo que denotaba la magnitud del enorme esfuerzo productivo a desarrollar para igualar o superar a Norteamérica.

Por otra parte, no es posible pasar por alto que la guerra fría incrementaría las tensiones entre la URSS y sus antiguos aliados de la segunda guerra mundial.

En efecto, el Plan Marshall implementado por Estados Unidos, terminó siendo un programa de ayuda a Europa occidental para enfrentar el comunismo. La contraparte soviética apareció en enero de 1949 cuando se crea el CAME, al tiempo que surge la OTAN en abril de 1949 y el Pacto de Varsovia en 1955 como estructuras militares de confrontación.

Consecuentemente, la URSS –que se había convertido en potencia nuclear en 1949- elevaría notablemente su gasto militar ya en estos años, duplicando el mismo entre 1948 y 1952. Según estimados, estos gastos representaban el 17% del PIB en 1950 y en 1960 llegaban al 11,1%, proporciones muy superiores a las de esas erogaciones en la economía norteamericana, lo cual suponía un obstáculo mayor para el crecimiento de la economía nacional.

No obstante, el rápido desarrollo defensivo del país permitió avanzar en la equiparación del potencial militar con Occidente. De este modo, específicamente en la esfera coheteril, se puso de manifiesto lo logrado cuando en 1957 se lanzó el primer satélite artificial de la tierra y cuatro años más tarde se envió el primer hombre al espacio, logros indiscutibles del complejo científico militar soviético en aquellos años.

Otra de las transformaciones de mayor importancia de este período se dirigiría a modificar la situación política interna vigente hasta 1953.

En este sentido, ya desde 1955 se produjo una disminución de las personas detenidas por delitos considerados como políticos y muchas fueron rehabilitadas al comprobarse que habían sido condenadas injustamente.

Un momento clave en esas transformaciones lo constituyó el XX Congreso del PCUS celebrado en febrero de 1956 y en el que Nikita Khruschov presentó un informe a puertas cerradas denunciando las violaciones a la legalidad incurridas por el gobierno de Stalin desde los años 30. Este proceso continuaría con los análisis del XXII Congreso del PCUS celebrado en 1961, donde se produjo un enfrentamiento con el Partido Comunista de China por discrepancias sobre la forma en que se criticó el stalinismo, lo cual condujo a un enfrentamiento entre los dos mayores partidos comunistas del mundo que duraría hasta 1989. Esta discrepancia provocó una división de los partidos comunistas de muchos países, fenómeno de muy negativas consecuencias para el movimiento revolucionario de entonces.

El proceso de superación de los errores políticos cometidos planteó desafíos importantes y puede afirmarse que Khruschov asumió una gran responsabilidad, al realizar el análisis crítico de una etapa fundamental en la historia del país. A partir de ese análisis si bien las medidas adoptadas fueron positivas, la mismas resultaron incompletas, ya que no se profundizó en las causas últimas de estos fenómenos, no hubo un enfrentamiento consecuente de la gestión burocrática predominante en la sociedad soviética, y tampoco se crearon los mecanismos para asegurar una participación efectiva de la población en el gobierno de esa sociedad.

No obstante, y a pesar de las limitaciones del análisis, se eliminaron prácticas represivas y se abrió un espacio mayor a la discusión de estos problemas en el seno de la sociedad soviética, que –hasta cierto punto- logró reencontrarse con su propia historia.

Así durante estos años se produjeron manifestaciones artísticas que alto valor que reflejaron críticamente estos complejos procesos, tales como las películas “Cielo despejado” o “Cuando vuelan las cigüeñas” y también se publicaron libros de testimonio como “Un día con Ivan Denisovich” del escritor Alexander Solzhenitsyn,[4] procesos que contrastaron con la visión restrictiva del arte que predominó en la etapa anterior.

Un factor determinante en la ejecutoria de los dirigentes soviéticos en estos años, lo constituyo el esfuerzo por rediseñar la política y el sistema de dirección de la economía, con vistas a garantizar una gestión económica más eficiente. En este sentido las decisiones adoptadas por Khruschov en 1957 trataron de avanzar hacia una planificación descentralizada, para lo cual se abolió la estructura de dirección centralizada de más de 30 ministerios, los que se sustituyeron por unos 100 consejos económicos locales, conocidos como sovnarjos, los que en se reagruparon en 17 regiones en 1961. Este cambio –sin que previamente se crearan condiciones para una transformación de semejante complejidad- no resolvió tampoco los problemas de la dirección económica del país.

Por otra parte, desde 1958 y hasta 1965 se llevaron a cabo debates sistemáticos dirigidos a superar los problemas del modelo centralizado de gestión, transitando a una descentralización de las decisiones.

Realmente la historia demostró que las decisiones centralizadas jugaban un papel fundamental cuando en la economía debían enfrentarse un conjunto limitado de medidas con vistas a lograr cambios estructurales básicos. En efecto, en la evolución económica de la URSS estas decisiones permitieron asegurar esas transformaciones logrando –a su vez- altas tasas de crecimiento.

Sin embargo, en la medida que los objetivos de desarrollo social comenzaron a diversificarse, las decisiones absolutamente centralizadas dejaron de ser efectivas, aunque la eliminación de sus defectos más evidentes, permitió a corto plazo avanzar rápidamente, tal y como ocurrió con las transformaciones que se implementaron en la URSS entre 1953 y 1956 en relación a la agricultura y a la producción de artículos de consumo.

Llegado un punto que se ubicó entre finales de los años 50 y la primera mitad de los 60, se puso de manifiesto una clara desaceleración en los ritmos de crecimiento acompañada del menor aumento de la productividad del trabajo, lo cual puso de manifiesto la necesidad urgente de una reforma económica integral.

El debate se centró entonces en qué decisiones debían continuar centralizadas –fundamentalmente referidas al balance entre los grandes agregados macroeconómicos- y cuales debían dejarse para ser adoptadas a nivel empresarial, utilizando para ello los instrumentos del mercado. En 1962 este debate alcanzó un punto de mayor intensidad a partir de las ideas del economista soviético Evsei Liberman[5] que –esencialmente- propuso concentrar los indicadores de las empresas en la ganancia y controlar indirectamente su gestión mediante mecanismos de mercado.

Como se comentó en la primera parte de este trabajo, emergió la discusión de cómo combinar plan y mercado en una economía socialista, pero sin que estuviera totalmente aclarado conceptualmente el tema de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo. En este sentido las opiniones se dividieron: un grupo de países decidieron utilizar los mecanismos de mercado manteniendo una planificación fuerte (fue el caso de la URSS, RDA, Rumanía y en menor grado, Polonia), mientras de otros ubicaron al mercado como regulador principal de la economía (fue el caso de Hungría, Checoslovaquia y Bulgaria) dando lugar a los conceptos que informarían las tesis del llamado socialismo de mercado.

Por otra parte, surgieron ideas muy interesantes, algunas de las cuales no se tomaron en consideración adecuadamente. Ese fue el caso de los modelos económico-matemáticos que se elaboraron en medio de ese debate por destacados académicos como Leonid Kantorovich –uno de los creadores de la programación lineal-, V. Nemchinov y Victor Novozhilov. Tal fue el caso del modelo de gastos de relación inversa elaborado por el académico soviético Novozhilov que permitía mantener un marco de decisiones centralizadas y –al mismo tiempo- posibilitaba a las empresas hallar la variante más adecuada del plan central mediante la llamada centralización indirecta.[6]

Las discusiones fueron muy intensas y evidentemente –si bien la aplicación de las reformas llevó a mejores ritmos de crecimiento entre 1966 y 1970 en la URSS y la mayoría de los países socialistas europeos- esta tendencia no se sostuvo en el tiempo.

En octubre de 1964, Nikita Khruschov fue sustituido en su cargo a partir de errores donde tuvieron mucho peso la no solución efectiva de los problemas de la agricultura y la caída en los ritmos de crecimiento de la economía soviética en aquellos años.

Notas

[1] Ver “Cien Horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet” (Segunda Edición. Revisada y enriquecida con nuevos datos) Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006, página 206.

[2] La única excepción fue el caso de Lavrenti Beria, que por su responsabilidad directa en la represión al frente de los órganos de la seguridad del país desde 1938, fue juzgado y ejecutado en diciembre de 1953.

[3] Ver Alec Nove “Historia Económica de la Unión Soviética” Alianza Editorial, Madrid 1973, p. 324.

[4] Este libro se publicó en Cuba en 1963.

[5] Sus tesis se conocieron en Cuba al publicarse su libro “Métodos económicos para la elevación de la efectividad de la producción social” Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.

[6] En Cuba se publicó su obra fundamental “La medición de los gastos y sus resultados en una economía socialista” Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.

Tomado de Cubadebate.

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