Implantes cocleares: Bloquear el silencio y escuchar al mundo

Por Raiza Arango Medina

La habilidad para escuchar es parte integral del proceso de comunicación humana y, según la bibliografía médica, la vía auditiva es el elemento fundamental en el proceso de adquisición del lenguaje y de todo tipo de aprendizaje.

Lo esencial es la detección temprana de la pérdida de la audición y en ese sentido, Cuba es pionera debido al Programa Cubano de Implantes Cocleares (PCIC), iniciado en el 2005 por iniciativa de Fidel Castro Ruz con el propósito de mejorar la calidad de vida de esos pacientes y que cuenten con un apoyo efectivo para su progreso individual y social.

La doctora Xeneida Fernández Padilla, otorrinolaringóloga, quien pertenece a la sección de audiología del PCIC, precisó a Trabajadores que en el año 1987 el doctor Manuel Villar Suárez realizó el primer implante extracoclear  monocanal. “Diez años más tarde, en el Hospital Hermanos Ameijeiras y con la participación de especialistas extranjeros, se comenzaron a poner los primeros implantes multicanales, que se utilizan hasta la fecha.

Estos inicios fueron con pacientes adultos y el programa ya ha beneficiado a 360 personas. Hoy día es eminentemente pediátrico y atiende a niños con sordera severa o profunda, problema que anualmente presentan alrededor de 60 infantes por cada mil nacidos vivos.

¿Qué enfermedad o trastorno se controla con este tipo de cirugía?

La hipoacusia infantil ―subrayó la galena― es el principal trastorno que se trata con los implantes cocleares (IC). Este padecimiento dificulta la adquisición del lenguaje y conduce a un deficiente desarrollo psicológico, educativo, social e intelectual. Puede llevar al aislamiento y a la incomunicación, lo cual provoca limitaciones en la vida social y profesional en el futuro.

“De esto se deriva la importancia de diagnosticar e instaurar tempranamente un tratamiento médico, quirúrgico, rehabilitador adecuado, ya que si a este daño sensorial se añade otro, como el visual, las consecuencias negativas de esta asociación se potencian extraordinariamente, pues implica, en muchos casos, el aislamiento total del individuo”.

De ahí que los IC jueguen su función como prótesis auditivas consideradas como oídos biónicos; es decir, son dispositivos electrónicos de avanzada tecnología, capaces de convertir las señales sonoras del ambiente en frecuencias eléctricas codificadas permitiendo la audición, señaló Fernández Padilla.

“El proceso de implantación es largo. El primer paso es seleccionar el candidato, le sigue la cirugía, la programación del dispositivo y finalmente la rehabilitación”. No obstante, la doctora aclaró que las personas con IC logran tener una vida normal y que existen accesorios “para que ellos puedan sumergirse en el agua, nadar, ducharse, hacer deporte, sudar, y a la vez estar escuchando. Ellos pueden tener una vida similar a la de cualquier otro niño”.

La audiología en Cuba con pasos agigantados

En el país este proceso, el cual describe la audióloga, es gratuito, una de las características del programa que lo distingue de sus similares en el mundo. Nuestra nación es uno de los pocos lugares del mundo donde se combina la alta tecnología, porque se dispone de conocimiento y voluntad en función de las grandes masas. “Quienes lo necesitan tienen acceso, sin costo alguno, a la parte interna y los componentes externos del dispositivo”, precisó la doctora.

Los especialistas destacan que en este punto es donde más se gana, ya que mientras más pequeño sea el niño al que se aplica un implante, mejores van a ser los resultados del proceso quirúrgico, “porque existe un período de desarrollo crítico del lenguaje donde es óptimo hacerlo en los tres primeros años de la vida”, puntualizó Xeneida Fernández.

Una de las novedades dentro de la neuroprótesis sonora es que, desde diciembre del año 2015, se han realizado en el país cinco implantes bilaterales,  o sea, cirugía simultánea para colocar en ambos oídos los IC, técnica que solo se aplica en países desarrollados debido al alto costo médico de la operación.

Los sonidos llenan el alma

Adrián Cándano es un adolescente pinareño que cuando tenía dos años sufrió una meningoencefalitis bacteriana que le dejó secuelas auditivas. Los médicos decidieron entonces que necesitaba tratamiento, prótesis auditiva y un implante coclear.

Fue entonces que a los tres años de edad el niño fue operado para colocarle el dispositivo, que luego de un proceso de rehabilitación en el Centro Internacional de Salud La Pradera, le permite comunicarse y explicar cuáles son sus aspiraciones para el futuro.

“A todos los médicos los recuerdo con tanto cariño y amor que actualmente estoy muy agradecido”, explica Adrián, uno de los pacientes trasplantados en el 2014 con un desarrollo comunicativo extraordinario y que, entre sus logros, se encuentra haber  terminado satisfactoriamente sus estudios en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Federico Engels.

“Después de despertar de la operación me pidieron escuchar mis propios sonidos (los que yo era capaz de hacer), el lenguaje que empecé a desarrollar, los ruidos. El implante me hizo feliz, no me gusta el silencio, sino sentir esa armonía que irrumpe el silencio”, comentó Adrián, quien aspira a dedicarse al campo de la medicina y poder desarrollar la tecnología en dispositivos acústicos.

La motivación y dedicación de la familia en este proceso es otro punto fundamental para el progreso del implantado. Ello mejora sus resultados auditivos y escolares, se logra su incorporación a la enseñanza general, así como su reinserción social, por lo que aumenta ostensiblemente la calidad de vida.

Yailén Fabelo descubrió que su hija padecía de una sordera a los cinco meses de vida. “Antes del tratamiento se mostraba más penosa, pero hoy día logra ser más comunicativa que la madre”, dijo.

Actualmente Ana Ricardo, la niña, se halla insertada en una escuela de enseñanza especial debido a su lenguaje, el cual está en proceso de desarrollo pero no le impide atender con detenimiento e intentar comprender todo lo que se dice a su alrededor.

“Tengo muchos amigos y me gusta jugar con ellos durante el recreo de la escuela. Cuando crezca quisiera trabajar en un restaurante, tener muchos clientes y poder atenderlos bien y que me entiendan”, comentó Ana sin apenas timidez.

La otorrinolaringóloga Xeneida Fernández  concluyó que la rehabilitación puede durar años y sus niveles van progresando en dependencia de varios factores, como la duración de la sordera, su aparición, la causa, el uso de audífonos previo a la implantación, el nivel educativo preimplante, el modelo de rehabilitación, las habilidades comunicativas, los umbrales tonales previos al implante, la percepción auditiva, la profundidad de inserción de los electrodos, así como las mediciones electrofisiológicas del mapa de programación (umbral mínimo eléctrico y de máxima tolerancia) y la participación de la familia en la recuperación.

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