Cuba: operación Liborio, un plan de la CIA frustrado por la vigilancia revolucionaria

Tomado de Periódico Escambray. Foto: Jorge Luis González, portada del periódico Revolución del día 7 de noviembre de 1961

En el verano de 1961 la Operación Liborio o Cuba en Llamas, de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), consistía en desatar una campaña mediática para desacreditar al proceso revolucionario, desencadenar una serie de sabotajes y acciones terroristas contra ob­jetivos económicos y sociales, y culminar con el asesinato del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y miembros del Consejo de Minis­tros, durante una concentración popular frente a la terraza norte del Palacio Presidencial. Esta operación subversiva fue frustrada por la acción conjunta de las Mi­licias Nacionales Revolucionarias, los Co­mités de Defensa de la Revolución y los Órganos de la Seguridad del Estado.

Tras la destrucción de la tienda por departamentos El Encanto, el 13 de abril, donde mu­rió carbonizada la trabajadora Fe del Va­lle a causa de un incendio de grandes proporciones provocado por la organización terrorista Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), en los principales establecimientos co­merciales se pusieron en práctica medidas de vigilancia y control con el apoyo de los em­pleados organizados en las Milicias.

El 19 de abril se produjo la aplastante de­rrota sufrida por la Brigada de Asalto 2506 en Playa Girón. Tres días después una compañía de milicias campesinas capturó al agente de la CIA Alberto Müller Quintana, cuando in­tentaba abrir un foco de alzados en la Sierra Maestra.

El 22 de julio fue arrestado el agente Al­fredo Izaguirre de la Riva (Tito) y sus principales colaboradores, frustrándose la Ope­ra­ción Patty de la CIA, que consistía en asesinar al ministro de las Fuerzas Armadas Revo­lu­cionarias, comandante Raúl Castro Ruz, en ocasión del acto central por el octavo aniversario del asalto al cuartel Moncada a celebrarse el día 26 en el estadio de béisbol de San­tiago de Cuba, y atacar simultáneamente una unidad de las Fuerzas Armadas Revo­lu­cio­narias, y la ilegal Base Naval yanqui en Guan­tánamo, creando un conflicto que sirviera como pretexto para que el Gobierno es­tadounidense interviniera militarmente en la Isla.

Después de estos descalabros, la Agencia de­cidió llevar a cabo una nueva operación di­rigida desde su cuartel general en Washing­ton. Los oficiales de la CIA David Atlee Phillips (Ha­rold Bishop) y Gerry Droller (Frank Ben­der) se entrevistaron con José Pu­jals Mederos (Er­nesto), y le indicaron que viajara a Cuba y asumiera el mando de sus agentes en la Isla para desencadenar la Operación Liborio.

Para llevar a cabo esta acción terrorista la CIA contaba con Antonio Veciana Blanch (Víc­tor o Carlos) un antiguo contador público que había trabajado para el magnate cubano Julio Lobo durante los últimos años de la dictadura batistiana, y que en 1959 había sido reclutado por David A. Phillips.

El 28 de julio Pujals Mederos arribó a La Ha­bana y contactó con Reinold González, coor­dinador nacional del MRP; Antonio Ve­cia­na Blanch, jefe de la Sección Militar y Octavio Barroso Gómez (César) a cargo de las comunicaciones, a quienes explicó las instrucciones recibidas, acordando que la operación de­bía ejecutarse a finales de septiembre, con el objetivo de realizar las coordinaciones pertinentes, y dar tiempo a la llegada del ar­ma­mento.

La primera parte del plan consistía en di­fundir una falsa ley donde se expresaba que la Revolución iba a quitar la patria potestad a los padres sobre sus hijos, para alarmar a las familias en todo el país provocando una ola migratoria de niños y adolescentes. La segunda parte tenía previsto realizar sabotajes en la sastrería J. Vallés y en las tiendas por departamentos Fin de Siglo, La Época, Ultra y Sears, también en la cafetería del hotel Capri, la Papelera Nacional y el Acueducto de La Ha­bana, con el objetivo de sembrar el pánico en la capital.

Una vez ejecutadas estas acciones, pretendían disparar con una bazuka desde el apartamento 8-A ubicado en el sexto piso del edificio de la Avenida de las Misiones No. 29, con­tra la terraza norte del Palacio Pre­si­dencial —a unos 50 metros de distancia en línea rec­ta— en ocasión de alguno de los actos que allí se realizaban en apoyo a la Revolución. Para asegurar la huida pensaban lanzar granadas contra la multitud, para causar más bajas, dispersar al público, y escapar vestidos de milicianos.

La CIA garantizó que las armas que se utilizarían en el atentado, incluyendo una bazu­ka, una carabina M-1, una ametralladora Thom­p­­­son, dos subametralladoras checas y granadas de fragmentación, fueran introducidas detrás de una falsa pared, que había sido cons­t­ruida previamente en la sala del mencionado apartamento, donde vivía una norteamericana que se encontraba fuera del país.

El 8 de agosto resultaron detenidos Pu­jals Mederos y Barroso Gómez, y aunque toda­vía no se conocían los detalles más impor­tantes de la operación, fueron incrementadas las me­didas de seguridad en aquellos objetivos que el enemigo pudiera agredir, mientras continuaban adelante las investigaciones pa­ra de­sentrañar la trama conspirativa.

El 29 de septiembre, unos minutos antes de las seis de la tarde, la contrarrevolucionaria Dalia Jorge Díaz introducía una petaca incendiaria de fabricación norteamericana dentro de un cilindro de tela en el primer piso de la tienda Sears, pero fue sorprendida por una de las empleadas. La mujer, que ya había colocado otra petaca en el segundo piso intentó huir, pero la trabajadora alertó a sus compañeros, cerraron las puertas del establecimiento y la capturaron. Las dos petacas fueron ocupadas y no hubo mayores consecuencias.

Cuando la terrorista era conducida hasta un auto de la policía, dos hombres del MRP que la esperaban frente a la tienda se retira­ron para evitar ser arrestados. Ante la posibilidad de que sus planes hubieran sido revelados por la detenida, Reinold González y Antonio Veciana optaron por esconderse para esperar por el desarrollo de los acontecimientos.

Al día siguiente la prensa nacional comenzó a informar pormenorizadamente sobre el primer recorrido que realizaba el presidente Osvaldo Dorticós Torrado por la Unión So­viética, y convocó al pueblo de la capital para recibirlo con una concentración popular frente al Palacio Presidencial el 4 de octubre.

Al escuchar esta noticia Veciana concentró a los hombres escogidos en el apartamento que había sido preparado para realizar el atentado, pero a última hora volvió a sentir preocupación por su propia seguridad, y de­cidió huir. El 3 de octubre, un día antes de la fecha prevista para ejecutar la acción principal, Veciana abordó una lancha y zarpó rum­bo a la Florida, dejando abandonados a sus seguidores.

Cuando percibieron la ausencia de los cabecillas, los complotados que se encontraban en el apartamento se retiraron del lugar para re­fugiarse en casas de seguridad, donde supo­nían que se encontraban fuera de peligro. Unas horas después fueron arrestados Ber­nardo Pa­radela Ibarreche, Juan Manuel Iz­quierdo Díaz, Raúl Fernández Trebejo y Ru­perto Gon­zález González. El acto de recibimiento a Dor­ticós tuvo lugar sin contratiempos.

El 11 de octubre Reinold González fue capturado en una finca en El Wajay y el 6 de no­viembre compareció en el programa de te­levisión Ante la Prensa, donde reveló los planes terroristas en que se encontraba in­volucrado, y tras reconocer que era imposible conspirar contra el proceso revolucionario, reconoció la eficiente labor de vigilancia de los Comités de Defensa de la Revolu­ción y exhortó a los miembros del MRP a que ce­saran en todas sus actividades subversivas.

Una vez en el territorio estadounidense An­tonio Veciana contactó con David Atlee Phillips y continuaron enfrascados en nuevos intentos para asesinar a Fidel durante sus viajes al exterior, pero sus planes magnicidas volvieron a ser neutralizados por la acción oportuna de los Órganos de la Seguridad del Estado.

* Investigadores del Centro de In­vest­iga­ciones Históricas de la Seguridad del Estado.

 

Fuentes utilizadas:

-Versión taquigráfica de la entrevista televisiva a Reinold González, periódico Revo­lu­ción, 7 de noviembre de 1961.

– Las reglas del juego, 30 Años Historia de la Seguridad Cubana, Comisión de Historia de los Órganos de la Seguridad del Estado, Di­rección Política Central del MININT, 1989.

-La contrarrevolución cubana, Jesús Ar­boleya Cervera, Editorial de Ciencias Cuba­nas, La Habana, 2000.

– Cuba: la guerra secreta de la CIA, Editorial Capitán San Luis, 1993, La Guerra Secreta, Operación ZR/RIFLE, 2006, y Operación Ex­ter­minio 50 años de agresiones contra Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, 2008, de Fabián Escalante Font.

-Testimonios: teniente coronel (r) Israel Behar Dueñas y mayor (r) Raúl Alfonso Roldán.

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