Crónicas del bloqueo. Cuba: rendición de cuentas y la democracia que no nos cuentan

Texto: Laura V. Mor, Resumen Latinoamericano Cuba.  Foto: Aroldo García.

La Habana, 30 de marzo de 2017.- ¿Cuántas veces hemos pensado en qué se utiliza efectivamente el Presupuesto Público asignado por los gobernantes. Cuándo, navegando por la red, nos encontramos con el presupuesto ejecutado de algún período pasado? ¿Cuántas veces habremos pensado que no es justo que se sub-ejecuten partidas de tanto caudal de dinero cuándo hay campos en los que a simple vista sería tan necesaria la intervención directa del Estado?

Quizás hasta más de una vez hayamos pensado que exigir a nuestros representantes que den cuenta al pueblo que los votó de lo realizado era contrario a nuestro sistema político, donde la soberanía reside en el pueblo, pero el mando en sus representantes elegidos mediante el voto popular.

El cuestionamiento externo al sistema político cubano es usualmente el arma que utiliza el imperialismo para desconocer la democracia participativa con que cuenta el país y sus herramientas de organización popular. El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba hace 55 años, no es el único bloqueo que se ejerce contra la Revolución cubana. El bloqueo mediático y la manipulación informativa en lo referido a toda a una cantidad de temas, no sólo constituyen la principal herramienta de Estados Unidos para dar legitimidad a su política de hostilidad y agresión hacia Cuba, sino que responde también al objetivo de los principales países capitalistas industrializados de imponer a los países en desarrollo un modelo de organización política que facilite la dominación, atendiendo a sus intereses geopolíticos.

Reconocidos intelectuales de la Ciencia Política cuando teorizan sobre democracia y gobernabilidad excluyen a Cuba en sus ejemplos, pero sí enfatizan a Estados Unidos como paradigma. Aún basando su clasificación en el derecho al voto, no incluyen a Cuba; sino por el contrario suelen englobarla dentro de los regímenes totalitarios –muchas veces se lo compara con el franquismo-. Usualmente incluso se utiliza el término “régimen” para referirse a gobiernos revolucionarios como el de Cuba o Venezuela, alejándose del concepto correcto del término, e incluso aquellos politólogos que nos formamos como profesionales fuera de Cuba, aunque en el transcurso de la carrera analicemos los sistemas políticos y electorales de todos los países del mundo, sobre Cuba desde la Academia no nos dicen nada…

Cuba tiene un sistema de un solo partido; Estados Unidos es una democracia de múltiples partidos” expresó Barack Obama en su discurso a la juventud transmitido en vivo por la televisión cubana desde el Gran Teatro de la Habana Alicia Alonso. Es curioso, y no fue casual que enfatizara la palabra “democracia” para referirse a Estados Unidos y “sistema” para referirse a Cuba, sin hacer alusión al funcionamiento real de la democracia burguesa o de la democracia socialista, ni del multipartidismo ficticio que apunta a un bipartidismo donde las diferencias entre demócratas y republicanos son sólo de forma, ni de la participación popular vinculante en decisiones de importancia para el país con que cuenta Cuba y no Estados Unidos…

Por el contrario de aquello que es conveniente hacer creer para el poder hegemónico, en Cuba -donde hay un Partido único- no solo hay elecciones (cada dos años para las Asambleas Municipales y cada cinco años para la Asamblea Nacional), sino también Rendición de Cuentas de los gobernantes electos (propuestos a título personal por las Asambleas públicas); algo poco experimentado para la mayoría de aquellos que crecimos en países “democráticos” capitalistas. Quizás algún extranjero pueda dar cuenta de experiencias de democracia participativa en sus países, pero seguramente sea consciente de que se destina a ello un ínfimo porcentaje del Presupuesto Público local.

El sistema político cubano actual ha transitado diferentes etapas, adecuándose al momento histórico y las necesidades de la sociedad cubana, sustentándose en el principio de “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Durante esas etapas de formación del sistema político actual, existió un período comprendido desde 1961 –año de la Declaración del carácter Socialista de la Revolución luego de la invasión mercenaria a Playa Girón, primer derrota del imperialismo en América Latina- en donde no existieron órganos electivos directos de poder, sustituyéndose los gobiernos municipales por Juntas de Coordinación, Ejecución e Inspección (JUCEI) conformadas por representantes de las distintas organizaciones de masas que componen la sociedad civil cubana. Omitiendo fechas y causas, la guerra mediática y política contra Cuba apela a este período y lo sostiene en el tiempo, sin evidenciar que ya en 1966 –con condiciones objetivas que dieran sustento- fueron sustituidas por administraciones locales con el objetivo de alcanzar una mayor participación social en las decisiones, convirtiendo al pueblo en sujeto político real, el cual a través de sus instituciones políticas y civiles y en el marco de sus disposiciones legales, participa en el ejercicio y control activo del gobierno. Tampoco evidencian que fue el propio pueblo cubano con una participación del más del 95% del electorado (1) quien ratificó con un 97,7% (2) de los votos la Constitución madre que rige la legalidad del país, al igual que su posterior reforma.

“En la República de Cuba la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado. Ese poder es ejercido directamente o por medio de las Asambleas del Poder Popular y demás órganos del estado que de ellas se derivan, en la forma y según las normas fijadas por la constitución y las leyes” (3). Tal como enuncia la Constitución Nacional, el poder, a diferencia de otros países, radica en el pueblo. No es solo la soberanía la que es popular como en la mayoría de los sistemas políticos con democracia representativa capitalista, sino que el poder y la decisión última radican en la ciudadanía a través de sus delegados en la Asamblea del Poder Popular; y es ante ese pueblo elector que cada gobernante debe rendir cuentas.

Los delegados y diputados cubanos no son lo que en capitalismo solemos llamar “políticos profesionales” dando cuenta de la exclusividad del cargo, por tanto, no perciben salario por su condición de electos; pero es su obligación rendir cuenta a sus electores en asambleas comunitarias. Esta rendición de cuentas no es un simple balance público; es un ida y vuelta con el pueblo, donde el delegado comunica lo realizado y lo que no se pudo ejecutar en el período del que rinde cuenta, así como el estado de situación de reclamos e iniciativas pendientes; sabiendo que sus propios electores cuentan con el derecho de cuestionarlo y ahondar en las explicaciones que consideren necesarias, así como exponer críticas y propuestas, pudiendo ser revocados en cualquier momento de su mandato.

Cualquiera puede decir que esas asambleas de rendición de cuentas están controladas y que son “reuniones entre ellos”, pero quienes hemos podido vivir la experiencia podemos dar testimonio bastante diferente al que cuando googleemos encontraremos en medios hegemónicos y sus nuevos portales web aliados. A diferencia de lo que nos cuentan, esas asambleas son públicas y abiertas. En el día y hora estipulados con anterioridad, la ciudadanía –que ha sido debidamente informada por los Comité Defensa de la Revolución de cada barrio- asiste voluntariamente a la cita. Nadie va a buscarte a tu casa, ni presiona para que concurras, como usualmente ocurre en otras instancias locales en más de un país capitalista. Asistir es voluntario y aunque cueste creerlo dado el nivel de desinformación y manipulación mediática que existe cuando de Cuba se trata, no hay represalia alguna por ello; simplemente se pierden la oportunidad de ese diálogo de ida y vuelta con el delegado que ellos mismos eligieron con su voto; aunque cada delegado tiene la obligación de recibir a cualquier ciudadano de su jurisdicción que lo requiera… algo que hay que decir rara vez se solicita. A pesar de que a cualquier extranjero le resulte increíble, dada la propia organización de abajo hacia arriba del sistema político cubano, la mayoría de las veces esos delegados –que son vecinos conocidos por la sociedad- comparten con sus electores en su propia casa o hasta de camino al Agro o la Bodega en busca de los mandados.

Para cualquier extranjero, encontrar a un gobernante en una tienda del barrio o vivenciar una asamblea de rendición de cuentas es sin dudas, algo fuera de lo común…en cualquier país del mundo, excepto en Cuba.

Notas:

(1) El voto en Cuba si bien es libre, universal y secreto, no es obligatorio, aunque la participación popular en elecciones alcanza, en promedio desde 1976 hasta hoy, el 95% del electorado. Cuentan con derecho a voto todos los cubanos y cubanas mayores de 16 años, a su vez que pueden ser elegidos para ocupar cargos políticos.

(2) El 15 de febrero de 1976, el pueblo cubano aprobó mediante referendo público, por el voto libre, universal, directo y secreto la Constitución Socialista de Cuba. Participó el  98 % de la población con derecho a ejercer el voto y, de ellos, el 97,7 % lo hizo  a favor. La Constitución ha sido reformada solamente en alguna de sus partes en 1992 y 2002. En esta última se declara el carácter irrevocable del socialismo con 8.198.237 de ciudadanos que así lo decidieron.

(3) Artículo 3 de la Constitución de la República de Cuba. Disponible en: http://www.cubadebate.cu/cuba/constitucion-republica-cuba/.

(4) El agro o también llamado Agromercado es el mercado de productos agropecuarios, donde se venden hortalizas, vegetales, verduras y frutas.

(5) La bodega es el almacén donde se expenden los productos normados y subvencionados por el Estado, la gran mayoría a precios del año 60, a toda la población: azúcar, arroz, frijoles, aceite, pollo, huevos, leche, yogurth de soja, compota para los niños, leche, pan, fósforos, pescado, productos de aseo, productos para embarazadas, ancianos y personas que necesiten una dieta especial.

(6) Los mandados se le llama al acto de recoger de la Bodega lo que corresponde a cada núcleo familiar inscripto en la Libreta.

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