Che: Cuba y los “Capablancas”

Texto: Narciso Amador Fernández Ramírez – Cubahora. Tomado de Cubainformación.

El Che conoció de la existencia de Cuba por intermedio del genial ajedrecista José Raúl Capablanca. Fue en 1939, en ocasión de la Olimpiada Mundial de Ajedrez celebrada en Buenos Aires, donde el ex campeón mundial cubano ganó la medalla de oro en el primer tablero. Tenía el niño Ernesto Guevara de la Serna, 11 años de edad.

Así, mediante la pasión del juego ciencia y su admiración por Capablanca, supo que había un país, una islita llamada Cuba, a la que le unirían posteriormente lazos entrañables; de esos imposibles de romper como los nombramientos, tal y como le escribiera a Fidel en su carta de despedida.

El Che sintió pasión por el ajedrez, deporte que practicó siempre que pudo, llegando a alcanzar resultados notables. Recordaba el propio Fidel que estando presos en México, en los días finales de los preparativos del Granma, jugaron varias partidas, donde casi siempre el nacido en Argentina salió victorioso. Y durante la Crisis de Octubre, en 1962, cuando el mundo estuvo al borde de un estallido nuclear, mandó a buscar un juego de ajedrez, pues no se sabía hasta cuando podía durar aquello.

En 1962, su gran amor hacia el juego ciencia le llevó a impulsar y organizar la primera edición del Torneo Internacional José Raúl Capablanca in Memoriam, que por estos días celebra la número 52, que lo hace ser el segundo evento más antiguo de ajedrez del mundo, solo superado por el de Hastings, en Inglaterra.

Allí el Che jugó una partida con el GM Miguel Najdorf, quien acababa de titularse en aquel Capablanca inicial, y logró tablas tras 17 movimientos. El ajedrecista polaco-argentino rememoraba años más tarde que contaba entre sus más gratos recuerdos haber podido conocer al Che: “¡Qué amante del ajedrez! ¡Tan amante del ajedrez como de la libertad!”.

A través de los “Capablancas” pudo el Che enfrentar a tres campeones mundiales del juego ciencia: Vasili Smyslov, Boris Spaski y Mijail Tal. En presencia de este último, participó el 24 de agosto de 1963 en el acto de premiación de la justa organizada por la Sección Sindical del Ministerio de Industrias, lid en la que el Comandante Guevara ocupó la segunda plaza, con 20 victorias, 2 derrotas e igual número de tablas.

Fue ese día cuando el Che, adelantándose a su época, pronunció sus proféticas palabras: “Es que cuando Capablanca murió, el ajedrez se olvidó mucho. Ahora ha surgido nuevamente el entusiasmo con la Revolución. Cada día surgen nuevos valores del ajedrez en Cuba, verdaderos talentos; habrá muchos jugadores de alta calidad, otros Capablanca y Tal. Vamos a tener grandes maestros y eso será también obra de la Revolución”.

Un reconocido intelectual, como Eduardo Heras León, revela una arista poco conocida suya: el ajedrez y cómo jugó varias partidas rápidas con el Che en el “Capablanca” de 1963. Relata el Chino Heras León que un año antes, en la URSS, había conocido al Che y le había solicitado jugar con él una partida, la que se concretó en el segundo de los “Capablancas”:

“Nos sentamos y jugamos la primera partida relámpago, a 5 minutos, y le gané. Yo jugaba un poco más, tenía mucha más experiencia. Entonces me dijo: ‘dame la revancha’ y le volví a ganar; me dijo: ‘otra más’. Y entablamos. Ese fue un empate simpatiquísimo porque estábamos terminando y él me decía ‘tablas, tablas’ y yo le respondía ‘no, no’, hasta que finalmente acordamos las tablas. Recuerdo que se puso como un muchacho y me decía ‘te hice tablas, te hice tablas’. Ese es mi recuerdo más inolvidable del ajedrez”.

Por estos días en Varadero se desarrolla la edición 52 del “Capablanca in Memoriam”. Debió jugarse en La Habana. Para ser más exactos, en el mismo lugar donde nació: el hotel Habana Libre, pero no pudo concretarse la aspiración. Será la primera vez en este siglo que el más importante evento ajedrecístico de América salga de la capital de Cuba.

No obstante, con total justeza, estará dedicado a uno de sus principales inspiradores: al Che, en el aniversario 50 de su caída en combate y los 20 de la llegada de sus restos a Santa Clara, a la Plaza de la Revolución con su nombre.

Será el homenaje a quien hizo del ajedrez una pasión. Al hombre que profetizó que habría en Cuba grandes maestros del juego ciencia, lo que se consiguió en 1975 cuando uno de aquellos pioneros de los “Capablancas”, Silvino García, alcanzó el mayor pergamino otorgado por la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE).

Y de nuevo, entre los trebejistas participantes, estará paseándose por los salones viendo cada partida, el Caballero de la FIDE Ernesto Guevara de la Serna, el único cubano que posee la más alta distinción concedida por la federación ajedrecística en el mundo. Estará el Che.

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