A propósito del aniversario del asalto al cuartel Moncada: Introducción a la neocolonia y situación social

Texto: José Bell Lara, tomado de Cubadebate.

Si algo caracterizó la vida política republicana, entre 1902 y 1958 fue la frustración generalizada del pueblo. La intervención norteamericana (1898-1902) no sólo frustraba 30 años de guerra liberadora, sino que mantuvo en el poder a los mismos grupos soportes estructurales de la colonia.

Además la República neocolonial nació con un apéndice en su constitución, impuesto por los Estados Unidos que daba derecho a ese país a intervenir en Cuba cuando a juicio de este la situación lo justificara.

Los Estados Unidos se convirtieron en el gran árbitro de la situación cubana, introduciendo en política el sentido de la impunidad para los gobernantes que contarán con el beneplácito norteamericano. Quizás el principal resultado de la Enmienda Platt, durante las primeras décadas de la República, fue ser una garantía contra la presión popular y la posibilidad de Revolución. El político criollo estaba a salvo de una revuelta porque siempre podía levantar el fantasma de la intervención para contenerla. Varias protestas políticas entre los grupos dominantes fueron acalladas de este modo, por ejemplo, la llamada revuelta de “La Chambelona” a raíz de la reelección del presidente Mario García Menocal en 1917.

Los Estados Unidos ocuparon la Isla por segunda vez en 1906, a raíz del fraude electoral de su primer presidente, Tomás Estrada Palma, ocupando la Isla hasta 1909. La segunda intervención norteamericana institucionalizó el peculado y la corrupción al utilizar la distribución de cargos y prebendas entre los distintos grupos políticos para evitar los conflictos entre ellos, lo que además era un medio para debilitar la conciencia cívica cubana. Aunque debemos señalar que desde tiempos de la colonia, el peculado y la corrupción estuvieron presentes en Cuba, pero fue durante esta intervención que se sentaron las bases para que se convirtieran en prácticas tradicionales de la política en la Cuba neocolonial. Era conocido el hecho de que la mayor parte de los congresistas cubanos eran comprables.  La burocracia estatal fue inflada desmesuradamente para satisfacer las clientelas políticas de los partidos políticos. Hasta la década del 30 primaban dos partidos: el Liberal y el Conservador, la sabiduría popular había acuñado una frase que los desnudaba: “Nada hay más parecido a un liberal que un conservador”. En una palabra, nada cambiaba porque gobernara uno u otro.

Necesidad de cambios

Al cumplirse 20 años de República (1922), la situación social del país acusaba un panorama poco halagüeño bajo el dominio de Estados Unidos:

  • El 53 por ciento de los habitantes de Cuba son analfabetos.
  •  El 68 por ciento de los niños cubanos no entra en los colegios.
  • De cada 100 niños uno solo llega al quinto grado.
  • No hay una sola escuela rural en Cuba, país agrícola.
  • La República ha concedido 16 leyes de amnistía, comprendiendo a delincuentes de toda laya.
  • En los primeros meses del gobierno de Zayas, han sido más los asesinos indultados que los condenados.
  • Los robos crecen a razón de un 10 por ciento anual.
  • Los ocho empréstitos ya hechos por Cuba para pagar despilfarros en su mayor parte, suman $164 mil 669,800.

Menocal pagó las carreteras a un precio siete veces más alto que “Palma”.

Estos datos sacados de un artículo de Fernando Ortiz, titulado La Decadencia Republicana eran una de las muestras del profundo malestar que aquejaba a la sociedad cubana y que comenzara a manifestarse de diversas formas. A partir de los años veinte surgieron movimientos de tipo cívico al margen de la política tradicional partidista del momento.

Estos primeros movimientos se caracterizan porque en ellos participan sectores de la burguesía criolla a quienes la crisis afectaba, pero en ellos hace su aparición una nueva generación, que no había participado en la guerra de independencia y crecido en medio de la frustración republicana. Esta juventud, cuya preocupación social comienza a despertarse, forma el ala radical de estos movimientos y de su seno emergen a corto plazo personalidades y dirigentes que actuarían en las nuevas fuerzas políticas presentes en la Revolución del 30.

Es también la época en que comienzan a llegar a Cuba los ecos de la Revolución Socialista de Octubre y de las reformas universitarias iniciadas en Córdoba, Argentina.

Año de viraje

El año 1923 significa un viraje en el desarrollo de la conciencia nacional. Un movimiento de dignificación nacional marca el momento político. Los estudiantes que habían tenido una actitud crítica ante las componendas políticas propugnan la reforma universitaria. Se crea la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Julio Antonio Mella emerge como dirigente estudiantil y nacional. La FEU, a diferencia de otras asociaciones estudiantiles que la habían precedido, inscribe en su programa objetivos netamente políticos y en corto plazo alcanzó un gran prestigio nacional.

El movimiento obrero comienza a dar manifestaciones de vida independiente, surge la Federación Obrera de La Habana, primer organismo unitario del movimiento obrero cubano con concepciones modernas de lucha. Surge el primer Partido Comunista, perseguido desde su fundación, habría de jugar en corto tiempo un papel destacado en la lucha contra la tiranía machadista.

La nueva intelectualidad nacional se vincula en distintos grados a estos movimientos, así, por ejemplo un acto de protesta de jóvenes intelectuales frente a uno de los hechos de corrupción del gobierno de Zayas, conocido como la “Protesta de los Trece” dio origen al “Grupo Minorista”. De este grupo formaba parte Rubén Martínez Villena, quien en su “Mensaje lírico-civil” poema que refleja el espíritu de inconformidad de la época llamaba a dar una “carga para matar bribones, para acabar la obra de las revoluciones”.

La Revolución del 30 intento ser esa carga. La crisis económica comenzada en 1920-21, la presencia política del estudiantado y del movimiento obrero y en general el proceso de renacimiento de la conciencia nacional: búsqueda de continuidad con el proceso del 95, repudió a las prácticas de corrupción administrativas, impugnación del sistema, llevaron a los grupos dominantes a aliarse tras la candidatura del General Gerardo Machado que levantó como estandarte la “Regeneración Nacional” y el lema “Agua, Caminos y Escuelas” para su campaña electoral.

Machado prometía un régimen de austeridad y construcción nacional y en medio del panorama de la política tradicional logró movilizar o mejor dicho engañar parte del pueblo y canalizar un cierto respaldo popular a su elección, que pronto habría de abandonarlo al mostrar su verdadera faz.

La primera fase del gobierno de Machado se caracterizó por el pseudonacionalismo y la represión del movimiento popular. Un gobierno de orden, según el lenguaje de ciertos analistas conservadores. La característica de la economía cubana a lo largo de la neocolonia fue su supeditación a los intereses de los EE.UU. Las inversiones de este país crecen de unos 50 millones de dólares en 1898 a unos 1500 millones en 1925/26.

Ese crecimiento estuvo centrado en la industria azucarera, aunque también abarcó las principales ramas de la economía cubana.

La producción azucarera pasó de 1.5 millones de TM en 1900 a 5 millones en 1920. Al crecimiento inicial de la economía deformada sucedió la crisis económica de 1920-21 al recuperarse la producción azucarera de Europa tras la Primera Guerra Mundial.

Con ello se inicia la primera fase de la larga crisis cubana y que se caracterizó por los altibajos de la actividad económica. Aunque se recuperaron los precios del azúcar estos nunca alcanzaron los niveles anteriores a 1920.

El año 1926 marca un viraje de nuestra economía, se entra en la segunda fase de la crisis cubana. Cesa el movimiento migratorio, comienzan las restricciones azucareras, aumenta la desocupación, disminuyen nuestras exportaciones y en general comienza una contracción económica que desemboca en la crisis de 1929. Ese año estalló la crisis mundial capitalista y sus efectos se hicieron sentir sobre Cuba agravando la crisis interna.

El gobierno de Machado no adoptó medidas que contribuyeran a paliar la situación. En 1930 el azúcar se cotizó a 1.23 centavos la libra y para 1933 a menos de un centavo.

Los más afectados por la crisis fueron las masas trabajadoras, el salario promedio en las zonas urbanas llego a ser de un peso diario y en las rurales en tiempo de zafra de 50 centavos.

La crisis económica fue total y ella coincidió con un alza extraordinaria de la lucha popular en Cuba que condujo al 12 de agosto y al gobierno de los 100 días.

La crisis revolucionaria

Antonio Guiteras (1909-1935). Hablando de la Revolución del 30, que se fue a bolina: “Fracasamos porque una revolución solo pude llevarse adelante cuando esta mantenida por un núcleo de hombres identificados ideológicamente, poderoso por su unión inquebrantable, aunados por los mismos principios”. 

Los hilos del fermento y la inestabilidad económica se entrecruzan en un desarrollo que conduce a una crisis del sistema de dominación instaurado con la República mediatizada en 1902. Desde inicios de la década del 20, – como señalamos -, comienzan a hacerse presente nuevos actores sociales de la escena política procedentes de las capas medias y el movimiento obrero que cuestionan fuertemente el sistema político imperante.

En 1927, Machado impuso en colaboración con los Partidos tradicionales una reforma constitucional que ampliaba el mandato presidencial y permitía la reelección, la llamada prórroga de poderes. Siendo reelecto en unos comicios fraudulentos celebrados en 1928.

Ante el amplio rechazo popular el gobierno de Machado se desnuda como una abierta tiranía con el asesinato político y la represión como sus instrumentos básicos. El alza del movimiento popular recorre dos etapas, una hasta 1929 de definición y crecimiento y una de franca insurrección generalizada a partir de 1930. El 20 de marzo de 1930 se organizó una huelga general que mostró la fuerza del movimiento obrero. El 30 de septiembre de 1930 marca un hito en la lucha con la irrupción del movimiento estudiantil. Ese día cayó, asesinado un estudiante universitario, Rafael Trejo, durante una manifestación de estudiantes que se dirigían a la casa de Enrique José Varona, filósofo cubano de gran prestigio.

Se constituyó el Directorio Estudiantil Universitario (DEU) que jugó un importante papel en la lucha contra la tiranía machadista. También surgieron otras organizaciones que asumieron formas de lucha armada, estas fueron predominantemente urbanas, aunque se desarrollaron algunas actividades en el campo en las provincias de Las Villas y Oriente.

Sumariamente: huelgas, manifestaciones, “tanganas” estudiantiles, grupos de acción que operan en La Habana y las principales ciudades del país, hace su aparición el atentado a los personeros del régimen, agentes represivos y delatores (llamados popularmente chivatos) son ajusticiados. La bomba y el petardo van de la mano. Hay alzamientos insurreccionales.

Antonio Guiteras, uno de los más recio luchadores contra la dictadura de Machado, con un grupo armado toma el Cuartel de San Luis y se alza en la zona de la Sierra Maestra para desarrollar la guerra de guerrillas. El Partido Comunista y la CNOC realizan una profunda labor de organización en el movimiento obrero. La agravación de la crisis económica, el alza de la lucha popular, la incapacidad del régimen para sostenerse llevan una alerta al gobierno norteamericano, que realiza a través de un nuevo embajador, Summer Welles la famosa mediación, que buscaba la salida de Machado manteniendo el esquema de dominación. Se realizan conversaciones con sectores de la oposición en los que no participa el Directorio Estudiantil Universitario, el Partido Comunista de Cuba y un sector del ABC.

Un paro del sector del transporte se convierte en un avasallador movimiento de disconformidad que culmina en una huelga general que da el traste con Machado.

La Embajada norteamericana logra imponer un gobierno de transacción presidido por Carlos Manuel de Céspedes, ministro de Machado que apenas dura tres semanas, pues el 4 de septiembre es derrocado, por un movimiento de protesta de las clases y soldados al que la presencia del Directorio Estudiantil Universitario da un matiz político.

Al frente de las protestas de los militares aparece Fulgencio Batista, sargento taquígrafo del ejército. Se nombra una junta de gobierno, La Pentarquía que no dura una semana, irónicamente la designación de Fulgencio Batista con el grado de coronel y jefe del ejército es lo que da al traste con ese experimento. Más tarde Batista habría de ser el verdugo de la Revolución.

A propuesta del DEU asume la presidencia de la República Ramón Grau San Martín, un profesor universitario que había respaldado la actitud de los estudiantes. Como secretario de Gobernación es designado Antonio Guiteras, a cuyas iniciativas se deben la mayor parte de las medidas más radicales y positivas de un gobierno en cuyo seno estaban presentes tendencias reformistas y dadas al compromiso de las que Grau viniera a ser el exponente más acabado.

El imperialismo y sus servidores nacionales no permanecieron inactivos y pronto encontraron un instrumento en Fulgencio Batista. Coincidimos con Roa, cuando señala que el gobierno revolucionario de los cien días fue combatido por la izquierda y la derecha y apenas si tuvo un minuto de respiro. Vivió en acoso perpetuo: huelgas, lokout patronales, conspiraciones, estallidos contrarrevolucionarios. Su único respaldo lo constituyó el Directorio Estudiantil Universitario, cuyo programa, el gobierno de Grau lo había hecho su programa de gobierno y las masas del pueblo a las que llegaban sus medidas concretas.

El impulso revolucionario no tuvo cauce ni dirección congruente, no pudiendo conjugarse una hegemonía en la dirección del gobierno que le imprimiera un sesgo nacionalista revolucionario consecuente al mismo. No pudo conciliarse una colaboración entre las distintas fuerzas revolucionarias que intervenían en el proceso. En medio de una compleja coyuntura política, en la que afloraban todas las contradicciones sociales de la neocolonia cubana con un quiebre institucional y político se tomaron las principales medidas de gobierno: creación del Ministerio de Trabajo, salario mínimo, jornada de ocho horas, la sindicalización obligatoria, el contrato colectivo de trabajo, la ley del 50%, mediante la cual se obligaba a que el que en cada empresa ese porciento de personal fuera cubano; el seguro de accidente y enfermedad profesional, el derecho al tanteo por parte del Estado en todas las subastas públicas y la regulación de las zafras a favor de los intereses cubanos.

De hecho abolió la Enmienda Platt (más tarde y como consecuencia de la acción del gobierno lo sería jurídicamente), reivindicó los derechos de la mujer y del negro, decretó la autonomía universitaria, rebajó las tarifas eléctricas y telefónicas, practicando en el exterior una política independiente.

Lo más notable de estas realizaciones son las condiciones en que se hicieron, en apenas poco más de cien días de gobierno y bajo una oposición implacable. La reacción se reagrupa, esta vez encuentra en Fulgencio Batista el instrumento adecuado quien de hecho da un golpe de Estado en enero de 1934. Cae el Gobierno Revolucionario. Le sucede el gobierno de Mendieta, un político tradicional al que el pueblo apodó la mula mansa de Batista y con esta cubierta el imperialismo y su nuevo instrumento, Fulgencio Batista, inician la represión del movimiento revolucionario.  En poco menos de un año la represión supera los niveles alcanzados por el machadismo. El centro de poder se traslada a Columbia, sede de la jefatura del ejército.  En marzo de 1935 fracasa la huelga general que intentaba revivir la experiencia del 33. El 8 de mayo cuando se disponía a abandonar Cuba para regresar con un nuevo intento revolucionario es asesinado Antonio Guiteras. “Se perdió la figura más empinada, el ánimo más templado, la voluntad más indomeñable, el brazo más enérgico, el espíritu más puro del movimiento nacional revolucionario”, según el decir de Raúl Roa.

Con la perdida de Guiteras el ciclo revolucionario entró en fase descendente.

El interludio

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Foto de julio de 1957, en La Habana. Fulgencio Batista (der.) sonríe en una conversación con el nuevo embajador de los Estados Unidos en Cuba, Earl E. T. Smith. Foto: Bettmann/ Corbis.

Entre 1934 y 1944, Batista fue el hombre fuerte de Cuba, primero como jefe del Ejército ejerció el poder real entre 1934 y 1940 y posteriormente como Presidente constitucional entre 1940 y 1944. Batista supo maniobrar hábilmente en las circunstancias y combinando autoritarismo y reformismo cedió en parte a las presiones populares al promulgar una amnistía, permitiendo el retorno de los revolucionarios exilados y cedió a la convocatoria de una Asamblea Constituyente.

Al calor de la política del New Deal de Roosevelt, Batista se vistió de demócrata y en las circunstancias previas a la segunda guerra mundial articuló una heterogénea coalición de fuerzas, la Coalición Socialista Democrática, con las que triunfó en las elecciones presidenciales de 1940 frente a Ramón Grau San Martín, que representaba la imagen de la Revolución del 30.

En 1944 fue elegido presidente Ramón Grau San Martín que resultó ser la gran estafa, su gobierno y el de su sucesor, Carlos Prío Socarrás se caracterizaron por elevar a niveles increíbles la corrupción, junto al auge del gansterismo, el anticomunismo y la represión del movimiento sindical.

A partir de 1947 surgió un movimiento de adecentamiento de la vida pública, encabezado por Eduardo R. Chibás, que fundó el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) cuyo lema central era “Vergüenza contra Dinero” y que en corto tiempo aglutinó un segmento amplio y combativo de la población.

En dramáticas circunstancias, Chibás se suicidó al no poder probar su denuncia de corrupción a uno de los ministros del gobierno de Prío, el Partido Ortodoxo recogió su herencia y se apuntaba como el casi seguro vencedor en las elecciones que debían celebrarse en junio de 1952.

A escasos 80 días de las elecciones, Batista dio un Golpe de Estado el 10 de marzo de 1952, que encontró inicialmente poca resistencia popular por el desprestigio que padecía el gobierno de Prío, con ello junto a la crisis económico-social que padecía el país se unió una crisis política. La instauración de la dictadura sirvió para medir la actitud y la conducta de las diversas fuerzas políticas presentes en el escenario cubano.

De los Partidos que formaban parte de la coalición que sostenía al gobierno de Carlos Prío, el Partido Republicano se afilió al Golpe del 12 de marzo y poco tiempo después los partidos Liberal y Demócrata se integraban al gobierno nacido del Golpe. El partido al que pertenecía el presidente, el Auténtico, se fracturó, parte de su membresía se integró a la dictadura, sobre todo la formada por aquellos que detentaban cargos en el gobierno, generalmente mediante el expediente de jurar unos estatutos constitucionales que impuso el dictador en sustitución de la Constitución de la República, otros se fueron al exilio, una parte comenzó a jugar el papel de oposición electoral tras la figura del ex-presidente Grau San Martín, y otra tomo el camino insurreccional, algunos sinceramente y otros como un juego para tener presencia política.

El Partido comunista de la época, el Partido Socialista Popular, expuso la línea de luchar por constituir un frente único de los partidos de oposición, condenando el golpe como pro imperialista. El Partido Ortodoxo, que se perfilaba como el seguro vencedor en la elecciones que debía celebrarse en 1952, se pronunció en un manifiesto por la lucha cívica y pronto se dividió entre los que propugnaban la unión con otras fuerzas para enfrentar la dictadura y los que mantenían una posición abstracta de independentismo político, aunque se puede decir que en general la dirigencia oficial de la ortodoxia se caracterizó por la inoperancia en esta etapa, y algunos de los que habían entrado al partido por sus perspectivas de gobierno, se pasaron a las filas de la dictadura, ejemplo Ramón Vasconcelos, otros, como Carlos Márquez Sterling le hicieron el juego a la dictadura con posiciones electoralistas.

La agitación estudiantil no se hizo esperar y el estudiantado a través de la FEU desarrolló diversas actividades, entre ella la jura de la constitución derogada por Batista, que había impuesto unos estatutos en su lugar, la marcha de las antorchas y otras manifestaciones de repudio al régimen. En febrero de 1953 cae el primer mártir universitario: Rubén Batista Rubio.

En Cuba existía una tradición de lucha armada, a tal punto que en la visión popular se llegaba a identificar ser partidario de la lucha armada con ser revolucionario y en las circunstancias del golpe, algunos grupos procedentes de la oposición iniciaron trajines conspirativos, para parte de ellos era un simple juego a la insurrección para mantener su capital político, pero también había elementos honestos que comprendían la naturaleza del régimen de Batista.

En el país comenzó a gestarse una situación de efervescencia política que no encontraba un cauce adecuado. En medio de la atonía que dominó al Partido Ortodoxo, sus masas semejaban un ejercito sin capitanes, el sector juvenil se constituyó en trinchera de las posiciones más radicales, y en el propio local de ese partido comenzaron a celebrarse las reuniones de lo que habría de constituir “el Movimiento” designación genérica que comenzó a identificar a la vanguardia en formación.

Fidel Castro percibió el potencial revolucionario que existía en medio de esa juventud y que el momento político exigía formas radicales de lucha que los partidos tradicionales no estaban en condiciones de enfrentar, por lo cual se dedica a crear la organización que fuera capaz de responder a esa exigencia.

Entre mediado de 1952 y principios de 1953 quedó organizado “El Movimiento”, con células en distintos municipios de la antigua provincia de La Habana: Marianao, Santiago de las Vegas, Nueva Paz, Madruga y en algunos barrios de La Capital, y en Guanajay, Artemisa y San Cristóbal en la provincia de Pinar del Río. El Movimiento se estructuró como una organización celular, secreta, selectiva y compartimentada. Constaba de una Dirección Nacional compuesta por dos comités, uno militar y otro civil, llegando a agrupar unos mil quinientos jóvenes entre los que se seleccionaron 165 para los asaltos al cuartel Moncada y al cuartel de Bayamo.

Es importante señalar que los preparativos de la acción se desarrollaron en secreto y con tal efectividad que ninguno de sus miembros fue capturado, ni conocido lo que se gestaba, a pesar de las numerosas actividades.

Se escogió la provincia de Oriente por su gran tradición de lucha, en ella se habían iniciado las guerras de independencia y se partía del propósito de que una vez tomado el cuartel se le distribuirían armas al pueblo y se iniciaría una lucha de oriente a occidente que rememoraría la invasión de la guerra del 95.

Existía en parte de las masas populares, sobre todo en los jóvenes, la convicción de que sólo mediante las armas Batista sería desplazado del poder y a partir de la percepción de esa situación había fe en la respuesta del pueblo, durante el juicio por los sucesos del Moncada Fidel señaló: “Si el Moncada hubiera caído en nuestras manos hasta las mujeres de Santiago de Cuba habría empuñado las armas”.

Detrás de la acción armada había una concepción revolucionaria de los objetivos de la lucha, de ahí que el arsenal de los revolucionarios tenía cinco proyectos de leyes que constituían el núcleo central de un cambio radical del país.

Por factores imprevistos el asalto al cuartel Moncada falló, los detalles de los hechos son ampliamente conocidos, constituyendo un revés militar, pero un éxito político. En primer lugar porque no fue un trueno en suelo despejado, respondía a un anhelo de la mayor parte de la juventud de la época mostrando que era posible organizar realmente una acción armada contra la tiranía. Con el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, se inserta en la vida política de Cuba un nuevo grupo formado fundamentalmente por jóvenes que, no sólo es capaz de organizar prácticamente los problemas de la lucha armada, sino que también se proyectaba hacia el futuro, constituyéndose en polo de atracción para todo el pueblo. Con el Moncada hay un reencuentro con la tradición de lucha armada del pueblo cubano, que le da continuidad a las guerras de independencia y a la Revolución del 30.

Es importante señalar que en la ideología de los moncadistas está presente el proyecto martiano de República lo que hace más sólida esa continuidad.

Con el grupo del Moncada comenzó a perfilarse Fidel Castro como líder del pueblo cubano.

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El Moncada significó el quiebre de la política tradicional, había surgido una alternativa nueva que, con los necesarios ajustes tácticos, alcanzaría la victoria el primero de enero de 1959 en que por primera vez el pueblo cubano comenzó a ser libre e independiente. Cuba que fue la ultima colonia española en acceder a la independencia, ha sido el primer país de América Latina en ser libre del imperialismo, la victoria no fue fácil y tampoco lo ha sido mantener la independencia y la existencia de la Revolución cubana a pesar del bloqueo, la guerra económica y la política de agresiones que han mantenido doce administraciones norteamericanas.

La situación social antes de la Revolución de 1959

La sociedad cubana prerrevolucionaria estaba marcada por grandes desigualdades y agudos contrastes sociales. Coexistían la miseria más espantosa en el campo, junto al boom de las edificaciones, los casinos de juego y los hoteles de lujo en La Habana.  En primer lugar la Cuba prerrevolucionaria se caracterizaba por un alto nivel de desempleo y subempleo.

Un estudio realizado durante los años 1956–57 arroja una tasa de desempleo de 16,4% pero cuando a esta cifra le sumamos los subempleados y los ocupados sin remuneración el resultado es que un tercio de la fuerza laboral no estaba plenamente empleada.

Estas son cifras moderadas, la realidad era golpeante, en el llamado tiempo muerto, es decir la parte del año que no había zafra azucarera y que alcanzaba un mínimo de ocho meses, estas cifras eran superiores. A la variación estacional del desempleo se unía una variación territorial. Provincias como Las Villas y Oriente tenían las más altas tasas de desempleo, con un 23 y un 29,9% respectivamente. Como vemos, la situación del desempleo era grave, pero en el campo era peor. El 65% de los obreros agrícolas trabajaba cuatro o menos meses al ano.

La existencia del desempleo presentaba una tendencia al crecimiento, que se agravó particularmente en la década del cincuenta. En 1953 se consideraba empleados el 51,5% de la población en edad de trabajar; en 1957 había disminuido al 45%.Cuando se compara la oferta de empleo en relación a la población en edad de trabajar, esta disminuyo un 28% entre 1899 y 1957, lo que equivalía a un déficit de 634 mil 772 empleos en este ultimo año.

En la base de esta situación se encontraba el hecho de que el sector azucarero, variable económica fundamental de la economía cubana, había dejado de crecer y el crecimiento de los otros sectores no generaba el suficiente empleo para absorber a la creciente mano de obra.

Las cifras aún con su gravedad siempre tienen algo de frías y quizás es más gráfico una descripción resumen:

En Cuba existían 500 mil personas desempleadas permanentemente, 650 mil trabajadores agrícolas desocupados durante más de la mitad del año, 90 mil obreros industriales azucareros desocupados ocho meses al año, a los que hay que agregar 60 mil obreros escogedores, 40 mil del ramo de la construcción, 25 mil textileros y de la aguja, 30 mil del calzado, 10 mil despalilladores, 9 mil portuarios, 5 mil madereros, 5 mil tabaqueros, 3 mil 200 de la industria de la harina y conservera, 800 gastronómicos y muchos miles de otros sectores.

En síntesis, la inestabilidad laboral era una de las características de la situación del empleo en Cuba. El correlato del desempleo y el subempleo son los bajos salarios y Cuba no era una excepción. En el referido estudio sobre empleo y desempleo en Cuba se ofrece una información sobre el salario mensual en función de los grupos de edades.

Al analizar observamos con ingreso por debajo de 75 pesos mensuales al 55,2% y corresponde a los grupos con edades superiores a 35 años. Si extrapolamos esta cifra para toda la población empleada con remuneración (1 millón 642 mil) el mínimo de personas empleadas con ingresos inferiores a 75 pesos es de 914 mil. La cifra real es muy superior, si tenemos en cuenta que los porcentajes de personas en esa situación para los otros grupos de edades es mayor.

Según estimados de la OIT trabajaban en Cuba un cuarto de millón de jóvenes comprendidos entre 15 y 24 años de edad. Más de 200 mil recibían salarios inferiores a 75 pesos mensuales. Nada más gráfico para demostrar la poca perspectiva que tenia la juventud cubana.

El trabajador agrícola se encontraba al extremo de la cadena de explotación. Una encuesta realizada por la Agrupación Católica Universitaria (ACU) en 1957, arrojo que el promedio de ingreso diario de un núcleo de seis miembros era de 25 centavos diarios. En esta situación se encontraban 400 mil familias.

En otra parte de esta investigación la ACU compara la situación el trabajador agrícola cubano con la de los países mas atrasados de Asia.

Cuando el salario se relacionaba con el presupuesto familiar se refleja un déficit permanente en la mayor parte de las familias cubanas.

Estudios realizados por el Banco Nacional de Cuba mostraban que en las ciudades el salario mínimo no satisfacía las necesidades esenciales de una familia, por ejemplo, con un ingreso de 83 pesos mensuales, dedicaba 49 a la alimentación y cerraba el mes con un déficit promedio de seis pesos, si tenemos en cuenta el alto número de trabajadores con ingresos inferiores a 75 pesos mensuales obvian los comentarios. En el caso del trabajador agrícola era más agobiante, su salario promedio, unos 46 pesos, apenas si alcanzaba un 60% del salario mínimo, por lo que vivía permanentemente en zozobra dedicando un 70% de sus ingresos a la alimentación.

Estas situaciones se conocen técnicamente como desahorro, en el argot popular urbano de la Cuba prerrevolucionaria esta forma de vida recibía el nombre de “vivir inventándola” frase que reflejaba la inestabilidad laboral y la precariedad de las condiciones de vida.

La sociedad neocolonial cubana estaba asentada sobre una mano de obra abundante y barata. A pesar de que la familia popular dedicaba entre el 60 y el 70% de sus ingresos a la alimentación, esta distaba de ser satisfactoria. La dieta básica tenia su sustentación en combinaciones de arroz y frijoles. En el campo una encuesta de la ACU revelo que solo el 11% de las familias tomaba leche, el 4% consumía carne, el 2,12% huevos y apenas el 1% pescado.

Este tipo de alimentación se reflejaba en la salud del pueblo y especialmente de los niños. Un tercio de la población padecía o había padecido parasitismo intestinal. En el campo el 14% de los campesinos había padecido o padecía tuberculosis. La red de salud publica era fundamentalmente urbana (solo el 8% de la población rural recibía atención medica) y constaba de 87 hospitales y 161 casas de socorro.

El país disponía de un médico y 3,3 camas por cada mil habitantes. Conseguir una para un enfermo en un hospital era una verdadera odisea.

El boom de las construcciones de los años 50 estaba dirigido a satisfacer necesidades de los estratos medios y altos de la población, pero para la inmensa mayoría, el malvivir iba acompañado de las malas condiciones de vivienda.

En las zonas urbanas habitada el 57% de la población. Una parte de ella vivían en viviendas colectivas conocidas como solares y ciudadelas cuyo promedio de habitantes por habitación era de cuatro personas. En ellas se albergaba la mayor parte de la población trabajadora con bajos ingresos.

En las zonas urbanas el 34,6% de las viviendas eran de maderas y tejas, y el 13,6% de yagua, guano y otras combinaciones. De estas últimas se encontraban sin baño o ducha el 95,5% y sin inodoro o letrina el 52%.

Este recorrido por la miseria puede cerrarse con una breve referencia a la educación.

En la Cuba de los tiempos del Moncada había más de un millón de analfabetos, concentrándose el mayor numero en las provincias de Las Villas y Oriente.

La mitad de los niños en edad escolar no asistían a la escuela y en el campo ese porcentaje era muy superior. La única enseñanza que tenía alguna presencia rural era la primaria, había un déficit de 10 mil aulas escolares.

Solo una ínfima cantidad de jóvenes asistía a la segunda enseñanza, y en el país apenas si existía una decena de escuelas técnicas y de oficios.

En resumen: falta de hospitales, de médicos, de escuelas, unido a una deficiente alimentación y el probable desempleo o subempleo sintetizaban las perspectivas del pueblo cubano en los tiempos del Moncada. Sin referirse a estas realidades no es posible entender el nacimiento de la Revolución Cubana.

Comparación entre la Cuba de la década de 1950 y la actualidad. Infografía: Leysi Rubio/ Cubadebate.

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